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Un mati de la suerte


Me dedico este relato a mí.


Esto es como una fiesta privada y la invitada soy yo. También soy dj, bartender, mesa dulce y globos..., una boluda total, eso también soy, pero estoy segura de que puedo suplir la falta de talento con mis deseos (un mati de la suerte) de que todo el mundo viva, aunque sea una vez en su existencia, lo que viví yo.


El viernes era nuestro día; luego, apareció el sábado y su mejor amigo, el domingo. Cualquier día podía ser nuestro (día). No había mucho que preparar, pero yo me preparaba para verte durante esas otras 96 horas. Esos 5760 minutos que no eran cualquier día.


El sonido del tambor (porque hay dos tandas de ropa y esto no se puede posponer).


Los alemanes zapateando *innecesariamente* en su clase de tango.


La escuela de enfrente, los niños en recreo.


El encargado que sí o sí va a pasar al menos una vez [“los inquilinos nuevos me vuelven loco, LPM”].


Toda esta cotidianidad, todos estos sonidos, esta sinfonía de cienquinientos movimientos..., nada va a impedir que vaya a encontrarme contigo. No estás aquí AQUÍ, pero en mi mente hay un camino trazado para tropezamos, mis dedos van a buscarte, algún juguete va a entrar al campo, pero siempre vas a ser titular tú.


Ya sé qué ángulo voy a formar con las almohadas para poder mirarme en el espejo mientras me masturbo pensando en ti.


¿No hay alguna parte de tu mente que retumba todas esas veces que te nombro?


Mis dedos logran ubicar, finalmente, el punto que tocaste la última vez, te hablé despacio en el oído y te mordí, cuando me “dejaste” que te hiciera el service completo (porque hay que probarlo todo).


Mis dedos se encontraron con esos recuerdos que guardo como capsulitas para tomar en momentos de aburrimiento; me hablas suave, las frases cortadas en las palabras precisas y luego, la risa. Y esa sonrisa, uf, si empezara a escribir una lista de debilidades esa la encabezaría. Cuando estoy caliente no sé qué estás diciendo la mitad del tiempo, te pido perdón, pero tampoco podría reaccionar de otra forma.


Escribo un párrafo, traduzco las cosas más repetitivas, no encuentro sinónimos, y hace un año y medio que soy mi versión menos productiva porque solo pienso en cómo vamos a coger la próxima vez.


Y así me enamoré de ti: entre viernes y viernes.


Qué son todas las cosas que hay dentro de esa cabeza. Las quiero todas.


Cómo se siente estar en la mente de alguien que vive con tanta pasión, que siente con tanta pasión, que contagia.


Será que vives esto mismo con otras mujeres [no son celos, es curiosidad de la más profunda, de esa que me hace preguntar solo porque preguntar es gratis].


(Comértela contra la puerta)


(Cómo me la ensartas encima de la mesada)


(Ah, y aquella vez en la terraza... MAMITA)


Si esto fuese un podcast, no me alcanzarían los efectos de sonido para toda esta sucesión de pensamientos. Por eso aún no lo hice, por eso sigue ahí como esa promesa de hacerlo contigo.


Conocerte fue raro, pero no “raro” como quien toma tereré con Fanta, sino como entrar en un salón de tatuajes y escuchar música clásica o que te pongan Foo Fighters en el dentista. Ya desde la puerta sabes que ni ese tatuaje ni ese arreglo de conducto van a ser una experiencia corriente. Si tan solo hubieras sido un dentista con Kenny G de fondo, mi vida sería mucho más fácil ahora. Y sería la misma, si eso fuera una posibilidad.


Fueron 6 lugares distintos y se sienten como 6 vidas. Con Malta, serán 7. Comprar castañas porque te gustan, a pesar de que salen lo mismo que ese texto que me costó media mañana traducir mediocremente. Hacerte reír. Pararme a aplaudirte por darme el mejor orgasmo de mi vida. Pequeños detalles.


Estar escribiendo esto es gracioso y triste en partes iguales (200 gramos de esto, 200 de aquello). Me gustaría que otra persona lo escribiera por mí, porque no podría quedarse así, pero así se va a quedar. La terapia me saldría muy cara, así que tendré que conformarme con la receta conductista para no pensarte: no volver a comer a comer pizza, no volver a tomar cerveza, no escuchar Depeche Mode, no...


 

Autora: Michelle CC


La foto es de Diana González. Se puede ver su obra en Instagram dianagonzalezzzzzz

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