• Gabriel Nieto

Las cuatro estaciones


La casa en medio de la arboleda

Infancia—

Un día oirás su voz.


Irrumpirá

porque irrumpir es su lenguaje.

Abrirá la puerta de aldaba

se derramará por los jardines

por las mudas habitaciones

por el patio

se elevará hasta la cresta del ramaje.

Permítele

que tome tu mano

que te conduzca hacia su abrazo.


En su regazo

te arropará un tibio centelleo:

navegar a ras del pasto

acechar gigantes de oscuridad en las madrugadas

zarpar desde la cama.


Intactas,

lo prometo,

volverán a ti

las historias que tejiste

con los bordes de sus detalles

y

las obras de arte

talladas por el ensueño

entre sus altas grietas.


Saldrá entonces a tu encuentro,

te lo advierto,

la estela de las horas.


Echarás de menos sus silencios

te reconocerás en aquellos que olvidaste haber amado tanto

y encontrarás entre los escombros de su eco

algunas cosas que extraviaste

las largas, largas mañanas

la candidez feroz de las promesas

una abuela, un abuelo, tus primeros libros, un perro

la omnipresencia del consuelo.


Pero así como una ola revienta

y se deshace

para regresar a las entrañas del océano

con esa misma infranqueable voluntad que es su mandato

la voz soltará tu mano

cerrará la puerta de aldaba

y en la noche del tiempo

hundirá sus alas.

Éramos una multitud, los solitarios

Juventud—

Piedra

sobre

piedra

sobre

piedra

edificábamos nuestros presagios

con el mismo material

de un mismo sentimiento

con la misma estructura

de un mismo hombre.

Chuleado

Adultez—


La satisfacción de caminar descalzo

sobre los cristales rotos que dejaron

alguna vez en mi alma

las carencias y los miedos

Chuleado.


El carácter para despedir sin aspavientos

a las tempranas promesas

que le incumplieron a mi vida

Chuleado.

La comprensión de que a todo el mundo

de cuando en cuando

le urge ser escuchado

Chuleado.


La capacidad para creer en todo

y al mismo tiempo

no creer en nada

Chuleado.


El aprendizaje de que solo el futuro

sabrá lidiar con calma

con los problemas del pasado

y que por tanto las angustias

del presente

no son distintas a cicatrices

que arden

sanan

y se desvanecen

pero

así mismo

que

dicho aprendizaje

es inútil

en el instante

en que asoman nuevas dificultades

Todo eso chuleado.

Que carecer de compasión arruina el alma lentamente

Que se equivoca quien reduce a los demás a sus tragedias o a sus privilegios

Que lo menos sorprendente en alguien son los matices de su oscuridad

Que las existencias de amor dentro de cualquier espíritu son inagotables

y que por tanto podemos desperdiciarlo cuanto se nos venga en gana

Chuleado

chuleado

chuleado

y chuleado.

Odisea espacial

Vejez—


Observo.


Agacho desde aquí

la mirada

hacia el devastado jardín

de la impermanencia.


Torbellinos anaranjados

arropan la noche

del edén en ruinas

un fantasma que lo engulle todo.

El análogo Samsara

de cintas magnetofónicas

en que nací.


Frecuencias y corrientes electrónicas

ríos primordiales que tallaron mis relieves.

Las pantallas-espejo

los amores-revolución

las biblias-monstruo de la era líquida.

El odio devorando al amor

un lobo sobre un cordero

y tras su cena insaciable

el odio devorado

por la irremediable urgencia de amar

de nuevo.


También la Medusa del holograma final

sus tempestades de escasez

sus estocadas contra la médula de la eternidad.


Todo

absolutamente todo

se desvanece

bajo el peso elástico del tiempo.

En la espuma de la nada

gira ella

tan azul

tan pequeña.

Su danza espacial

tan obediente

tan callada.


Nadie aúlla ahora en sus entrañas

nadie caza

nada agita sus alas

nada sueña y nada despierta.


Dioses sin peregrinos

constelaciones sin poetas

un futuro sin historia.


Observo.


Levanto desde aquí

la mirada

hacia el abismo.


¿Qué más queda?


Errar en el desierto universal.


Beber la savia perpetua del cosmos.



 

Autor: Gabriel Nieto


Nació en la ciudad de Popayán, Colombia, en marzo de 1977. Alucinado por los relatos que encontró en los libros que habitaban la biblioteca de su abuelo, empezó desde niño a escribir historias que vendía por valor de diez pesos a conocidos y familiares. Se graduó en el año 2000 como comunicador social y periodista de la Universidad Autónoma de Occidente, en Cali. Después se trasladó a Bogotá, donde trabajó durante una década como editor en la Mesa América de la Agencia Efe. Actualmente se desempeña como periodista independiente y dedica la mayor parte de su tiempo libre a la escritura.


Imagen de Leonardo Lamberta

Se puede ver su trabajo en @leolamberta y acá