• Yamil Dymas

El ultimo sonido


Algo resuena fatalmente del otro lado de la habitación pero lo siento a centímetros de mi oído. Intento cerrar los ojos y dormir. Imposible, el sonido aumenta entre el silencio de mi almohada y la noche. Me aterra, siempre fui alguien con intuición premonitoria.


Algo resuena, lo juro, fatalmente del otro lado de la habitación y lo siento cerca, muy cerca. No puedo dormir, es terrible. Llamo a un amigo, son las 4 de la madrugada, él me dice que me tranquilice que no es nada. Le respondo que el sonido cada vez es mas poderoso, me aterra. Mi amigo me dice que exagero, que es la abstinencia de 15 años de ginebra diaria. Le digo que hace cinco años que no tomo un trago. Estoy realmente aterrado. Mi amigo repite que me tranquilice, que mañana lo hablamos relajados. Le digo que no hay mañana, que el sonido realmente es fatal. Corta. Llamo a mi psiquiatra, atiende con voz cansada una mujer. Ella dice que el doctor duerme, que pida turno mañana temprano, grito al teléfono que no hay mañana, que el sonido es realmente fatal. Ella parece dejar el teléfono un momento, luego escucho una voz ronca, es mi psiquiatra. Le cuento mi situación. Él dice que me tranquilice, que seguro son sonidos del nuevo edificio, que no olvide que me mudé hace muy poco. Le digo que esto es algo distinto, que es un ruido realmente fatal, que conozco los ruidos del edifico y que esto es distinto, es un sonido terrible. Él me pide que le explique, casi no puedo decirle los detalles, pero viene del otro lado de la habitación y lo siento muy cerca. Él insiste, cómo es el sonido, pregunta. Viene del otro lado de la habitación y es fatal, le repito. Hace un silencio largo y me pregunta si tomo la medicación al día, contesto que sí, y sin un trago de alcohol, agrego. Me pide que me tranquilice y que ponga algo de música y que mañana lo vea a primera hora. Le digo, exaltado, que no hay mañana, que el ruido es realmente fatal. Él dice que ahora no puede hacer nada, repite que me tranquilice, que seguro son sonidos extraños de un edificio nuevo. Corta.


Pongo música, el sonido resuena cada vez mas fuerte, así que subo el volumen al máximo y me acuesto boca abajo. Ahora escucho unos golpes muy fuertes en la puerta. Me levanto y la abro, es mi vecino de al lado, me pregunta si estoy borracho, dice que son las 4 de la madrugada y la música está a todo lo que da. Le digo que es para tapar un sonido que resuena fatalmente del otro lado de la habitación. Él me dice que del otro lado de la habitación es su departamento y que él no escucha nada, solo esta música a todo volumen. Le explico que no puede ser, que yo escucho ese ruido y es fatal. Él dice que apague la música que mañana la gente tiene que trabajar. Le grito que no hay mañana, que hay un sonido del otro lado de la habitación que resuena fatalmente. Mientras explico esto, se encienden las luces del pasillo del piso de mi cuarto. Sale mas gente. Son varios y preguntan qué pasa. Mi vecino les cuenta la situación. Ellos dicen que no oyen nada, solo el sonido a todo volumen de la música de mi cuarto. Ellos dicen que si no bajo el volumen llamarán a la policía. Les repito que el sonido resuena fatalmente y que la policía no puede hacer nada, que ya llamé a mi psiquiatra y que él no pudo hacer nada, así que la policía tampoco, repito. No hay caso, ellos no entienden.


Se conmueve todo el edificio y llega, al rato, la policía. Un uniformado se me acerca y me pide por favor que baje el volumen de la música que la gente no puede dormir y mañana se levantan temprano a trabajar. Le digo, gritando, que estoy cansado de que me hablen de mañana, que no lo hay, que escucho un sonido que resuena del otro lado de la habitación, y que es fatal. El agente intenta ver dentro de mi habitación y me dice que mis vecinos afirman que no hay tal sonido. Que yo vivo en un ambiente, y que el único sonido que hay es el volumen a todo lo que da de mi estéreo. Le digo que lo escucho y que es un sonido fatal. Él me dice que si no apago la música tendrá que llevarme detenido. No hay caso, el agente intenta entrar y le digo que no puede, que no es legal, y que de todas formas el problema no es la música, si no eso que resuena fatalmente del otro lado de la habitación y que siento a unos centímetros de mi oído. El agente mira a todos lados y me dice que me meta adentro y que si no apago la música conseguirá una orden de allanamiento y me meterán preso. Cierro la puerta y me acuesto nuevamente. No hay caso. Hay algo que resuena fatalmente…. No aguanto mas, enchufo otro parlante al estéreo y la música llega al máximo volumen. No puedo dormir. Me siento en la cama. Tomo el teléfono celular y marco el número de mi psiquiatra, corto apenas suena el tono. Me siento en la cama. Miro la mesita de luz, la abro y saco la vieja 45 de mi abuelo, la coloco a unos centímetros de mi oído y aprieto el gatillo.



 

Autor: Yamil Dymas


Es el seudónimo de Yamil Kazanovicz quien nació en el conurbano bonaerense en 1982. Trabajó de operario, artesano y empleado de comercio. Leyó a poetas como Hugo Mujica, Alejandra Pizarnik, Jacobo Fijman, Olga Orozco, Leopoldo María Panero y Antonio Porchia, entre otros. Actualmente es profesor de Lengua y Literatura, egresado del ISP “Joaquín V. González”. Obras publicadas: El exhumador y otros poemas y Caballo negro en la memoria (Una simple silla, 2017) También participó en la IV Antología Cómo decir, en este mundo, sólo con estas palabras (Ruinas Circulares, 2020)

Imagen de SAATCHI ART tomada de acá