Al otro día

Apenas tambaleando Martín camina entre la gente, la sangre corre rápido, transpira y piensa qué tiene que hacer al otro día.


Con el vaso en la mano sale del baño, se acerca al chico que dejó minutos antes en la barra, trabaja de recepcionista, cree que es un buen trabajo, dice con orgullo: Soy recepcionista. A Martín le causa gracia estudiar para hablar por teléfono y anotar en un libro el nombre de las personas que llegan a dormir, a pensar, a esconderse. La sombra de él sobre la pared le gusta, no quiere escuchar más al chico recepcionista, lo trata de mediocre, de manera sutil y lógica, tanto así que el chico recepcionista sonríe y dice: Sí, es cierto. Martín apaga el cigarrillo y el humo por la nariz se desliza hacia abajo, Martin se retira. Sale al patio, respira, mira al cielo, vuelve a pensar qué tiene que hacer mañana. Un rubio con cara de daga se acerca, estudiante de farmacia, problemas burgueses, miedo al qué dirán, lo invita a fumar un porro, Martín no fuma marihuana, prefiere la lucidez y agrega que es la droga más poderosa del mundo. Sigue su viaje y en la escalera encuentra a un compañero de la secundaria, la luz del láser no para de pegarles en la cara y por el parlante piden palmas, empujan la inhibición por la escalera y bailan, en un momento, en un punto de conexión normal brindan por la profesora de matemáticas, por la novia que nunca más vio y de lejos parecen normales. Se despiden con la certeza que volverán a encontrarse y hablarán de lo mismo, el pasado es la unión, lo mismo ocurrirá con una precisión de muerte.
Hay voces huecas, ojos deshabitados, ropa usada, en la noche algo, busca, un rostro que le reclame, deleite, incentive, algo que impacte la sien. Parado en medio de la pista lo chocan, empujan, pisan, pasan cuerpos como viento, como expectativas, lo rozan.


Una fuerza inexplicable lo hace girar. ¡Bienvenido! Es lo que está buscando, el mejor reemplazo al silencio incoherente. Piernas pequeñas, cortas, firmes, un culo duro. A Martín lo excita no saber nada del chico que baila moviendo lenta pero rítmicamente el torso, cada tanto lo mira y con la lengua humedece los labios, acomoda el pelo.


Se estudian, se miden, Martín pide en la barra un Cuba libre, después se mete bajo la cabina del dj, el chico lo busca, acercándose como una ola, deslizándose más cerca a la costa de su piel, se paró de frente y de repente ante él.


El chico desconocido quería escuchar cosas que Martín quería decir, los dados están cayendo bien, Martín adivinaba cómo y en qué lugar esconde sus miedos, hablan de música, de actrices lindas.
El lugar se pone mejor o tal vez sea Martín, el calor sube, el oxígeno difícil de conseguir.


Las funciones mentales de los hombres disminuyen cuando hay poco oxígeno, dijo Martín.


Salgamos afuera, responde el chico desconocido.


Diez minutos de monólogo, Martín cada vez lo escucha menos, se pierde palabras enteras, arma solo lo que el querría llegar a decir, mientras, mueve la cabeza con gesto afirmación. El chico desconocido y su boca son un motor encendido, mecánico, un motor largando por el caño de escape palabras, frases, puntos, comas, pausas, una boca hecha para modular letras y pegarlas y escupirlas infladas con aire. Martín lo besa, el chico desconocido piensa si Martín lo había besado. ¿Cuál es la diferencia? dice Martín. Yo recién imaginaba que te entendía, y vos imaginabas que estabas diciendo todo lo que querías decir, con palabras que imaginabas adecuadas.
Por los parlantes dicen: Gracias, buenas noches, los esperamos mañana.


- ¿Tómanos un café?, dice Martín
- Vivo a dos cuadras, responde el chico desconocido.


Mientras caminan, Martín cuenta que trabaja en una cerealera, que tiene dos perros y que vive cerca del club San Lorenzo en un departamento que era de su abuela, el chico desconocido camina apurado, trata de no pisar las uniones de las baldosas, escucha a Martín y cada tanto sonríe, se pierde la conversación y retoma cuando escucha alguna palabra que le gusta, cree entender lo que Martín dice.


Llegaron, en el ascensor se tocan, Martín nervioso, entra a la casa y se sienta en un puf incómodo, el chico desconocido prepara café en una cocina pequeña, con una heladera chiquita que a Martín le genera ternura. En el living mientras hablan se sacan el calzado y ponen música. Martín comenta lo lindo que es Tres Arroyos. No sé por qué pensó Martín que le podía llegar a gustar Tres Arroyos al chico desconocido.


El café preparado en dos tazas diferentes, se besan en el puf incomodo, Martín se saca la camisa azul y él le besa el pecho depilado mientras se saca la musculosa blanca, sin despegarse se enfilan como un bloque que se va derritiendo hacia la pieza.


Las nueve y media de la mañana, Martín sigue en la cama del chico desconocido. Suena el teléfono, un mensaje: Papá, ¿me vas a venir a buscar? Te estoy esperando.


Martín recordó lo que tenía que hacer mañana, clava la mirada en el techo, el cuerpo desnudo, es un día en cualquier lugar del mundo.

 

Autor: Gonzalo San Millan (Bahía Blanca, Buenos Aires)

 

Actor, director de teatro y dramaturgo. Estudió dirección escénica y actuación con Guillermo Cacacce, Rubén Schumager, Emilio García Whebi. Actuación con Ricardo Bartís, Andrés Binetti, Elda Montiel. Clown con Jorge Nayach, Guillermo Yanicola y Chacovachi. Dramaturgia con Mario Ortiz, Cristian Palacios, Omar Aita. Danza con Andrés Molina y Sofía Martínez. Desde el 2014 hasta la actualidad participa como actor en la obra Mi hijo solo camina un poco más lento con autoría de Ivor Martinic dirigida por Guillermo Cacacce con numerosas giras internacionales. Actualmente es el Director de “Las amargas lágrimas de petra Von Kant” y Colaborador artístico de “Partida” de Renata Moreno. En el año 2017 y 2018 participa como intérprete en Categoría mosquitos dirigida por Andrés Molina; y El mal que aqueja dirigida por Luciano Borges con una dramaturgia colectiva. En 2018 codirige junto con Antonio Bax la obra Territorio Pueblo. En 2015 es seleccionado como director de la Comedia Municipal Bahía Blanca con la obra La Tinaja” de Luiggi Pirandello. En 2014 participa como actor en Mustafá de Armando Discépolo dirigida por Guillermo Cacacce. En el año 2013 trabaja en Mariano Moreno un teatro de operaciones dirigida por Francisco Mayor; y en El ladrón de Bagdad dirigida por Can Ozden del Teatro de oro de París. Ese mismo año dirige su obra A que no sabes qué día es hoy. En 2012 presenta las obras No Decir y SOLA; ambas bajo su dirección y autoría. Además participa de Libro de Piratas de Cristian Palacios con dirección Andrea Borelo. Ese año en cine participa de La vida de Carlos Di Sarli, documental de Frenkel Alberto, La muerte de Martin Fierro de Pablo Fortunato y La Escuelita, documental de Rodrigo Capriotti. En 2011 participa en El extraño viaje de Nikolaus Piper de Cristian Palacios bajo la dirección Paula Brusca; y en La farsa de Pathelin con dirección de Alejandro Mendez. En cine participa en FOSO. Los 100 años del Teatro Municipal de Bahía Blanca. En 2010 actúa en El Reñidero de Sergio Di Checco con dirección de Roberto Castro en Teatro Nacional Cervantes; y en Fabulas para embrujados, dirección Silvia Di Paúl; mientras que dirige su obra Los payasos Pan- Lactal. Este mismo año hasta el 2012 presentará bajo su dirección su obra Las aventuras de Gran Conejo. En el año 2009 participa en Programa educativo nacional “El profesor Voltio y Luz”, “Natu Lareza y Eco” llevado a cabo en todas las Escuelas Públicas de Bahía Blanca. Participa este mismo año en Fábulas para embrujados con dirección de Silvia Di Paúl; y en Lo que el viento nos dejó del Grupo Horbib. En 2006 y 2007 actúa en Nunca nadie nada de Hernán Moran, dirigida por Jorge Nayach. En el año 2006 trabaja en la obra Avión negro de Carlos Somigliana, dirigida por Jorge Nayach; y en 2004 bajo esa misma dirección actúa en Solas en la Madrugada. En 2003 trabaja La ´q te jedi dirigida y escrita por el Elda Montiel.

 

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