Los óleos de las lágrimas

10/10/2018

1

Salías del taller con un traje a mal traer

Era la sombra de todas las primaveras

Y el roce agrio de todas las luces

Aquel lienzo que esperabas desapareciera para siempre

Y con él los ojos del mundo

Puestos tristemente sobre tus ojos

Para que no amaneciera nunca

Y fuese siempre

Todo segundo ese instante insistente

De agrias melodías.

Es verdad, te arrebataban el sueño de un día a otro

Con esos bombardeos televisados

Y esas fuertes fuentes que aniquilaban

A lo lejos el desastre de la aurora

Con el coro colosal de las metralletas y balas rebosantes

Todo roto en la calle

Y tú, quizá más

Si, más que ayer

Más, mucho más.

Yo te observaba desde el espasmo más quieto

Lo más corto de los ojos

No eras tú quien lloraba con un banderín rojo

Y la cocina encendida llena de humo

Si no un fantasma

No eras tú quien tenía que quemar sus propios lienzos

Y los de uno que otro amigo que también pudieran comprometerte

Sino un fantasma de ti

Que quizá estaba más roto que tú

Sí, más que ayer

Más, mucho más.

Igual agarrabas los cigarros y dejabas vacías las tazas sobre la mesa

Y mirabas con gran lástima lentamente aquellas pinturas

Que terminarían siendo cenizas

Y tus ojos en ellos

Pero todo llovía definitivamente dentro de ti

Y  tu agua simplemente  no detenía  ningún fuego

No terminaba el infierno

Ni la presentación de los milicos sonando

En la radio nacional.

Se terminó el socialismo, se terminó tu libertad

Han de llegar a otros cielos tus palomas

Y la cresta del olvido era cada vez más parecida a tu barrio

Pero tus ojos ausentes no querían desfiles de fierros

No querían ecos de pasos

Insensibles tras gritos

Ni estrellas de mando

Ni himnos nublados

Ni botas secas.

Pensé que ya no podrías volver a hablar justo en el momento

En que me interceptaste

“Estamos en las listas” me dijiste

“Ya no podremos sino desaparecer de una vez”

La casa del olvido está en todas partes

Seremos al fin solo dos fantasmas

Y el recodo del odio

Y el amor partido

Y la sangre

La sangre toda

Nos justifica

Y seremos más tristes

Más quizá más

Más que ayer

Mucho más

Dejamos lo que quedaba en el lugar

Y cerramos la puerta

ya no volveríamos a pisar el taller.

 

2

 

Dijiste que te habló un compañero

Que te dijo

Que en la capilla de Las Carmelitas

Nos esperaría alguien

Habría que arriesgarse

La noche era un secreto

Firme fuego sobre los ojos sin culpa

Y la gente se apuraba

Para llegar antes del toque de queda

Pero la luna es la verdad

Y en sus blancas manos nos acunaríamos

Y esperaría la siembra de cada estrella

Aquello valdría más de mil balas

Más que cualquier tortura

El camino es un pergamino a mal encender

Y rebotan las luces por donde pasas

Tú no sentías miedo de nada

Y aunque no se notara

En el fondo

Tenías rabia de querer perdonar.

Viajan las palomas hacia las cúpulas

Y el campanario.

Crujen silenciosos los huéspedes de la noche

Una silueta

Apenas una voz

Una carta

Un mapa

Una dirección

Una llave

Y dos seres abandonados

Casi por todo el mundo.

 

3

 

Si hubiera sabido que podías abrir así las lágrimas de los sauces

Y serían más bellas las lágrimas que las ventanas

No hubiera dudado jamás en ahogarme ahí y  desaparecer.

Ordenabas las estrellas

En el fondo, pareciera que fueras tú

Quien bailaba con ellas casi aturdida

Y les inventabas nombres que regían junto a la luz

Y suspirabas más que de costumbre.

En la pequeña poza se reflejaba nuestro árbol

Y nadie estaba cerca

Todos los grillos eran poetas

Para el amanecer

Y cada hoja desgarrada

Era también tu corazón hinchado de tanta sangre

Tus manos sostenían tu cabeza

Y poco a poco dudaban del alma, se arranca

 a corretear por ahí y vuelve cuando quiere

Y desaparecías y aparecías dentro de tu mente

Hasta encontrar la quietud

La más agria piedra

El más muerto corazón

Sobre el fascinante espesor de un tiempo apagado

De un segundo que no dudaba en incendiarse

Y perdurar con su flama para siempre si fuera necesario

Guardabas en tu bolso un pequeño cuadro cubierto por un cuero

Quise saber de qué se trataba

Alejaste mi insistencia con otras miradas

Otras sentencias

me dijiste que solo la noche entendería que nos pasaba

Y así se apretaron las vísceras

Los huesos todos casi en un horno

Y olvidé el frió que sentía

Y me dejé arrancar como cualquier flor de tu jardín

Pobre jardín

Aplastado, pisoteado por tanto milico

En búsqueda de tu brillo

Tu esencia hacia el mundo

Tus pinturas.

Me sonreíste,

Te apagaste

Todo ennegreció.

 

4

 

A la mañana siguiente nos despertaron los perros

Sus ladridos retumbaban en todo el campo

Ellos estaban cerca

Agarramos como pudimos nuestras cosas y nos marchamos

Bosque abajo entremedio de los bellos campos de pino

¿Quién sería nuestro asesino?

¿A cuántos más por ahí los cazarían como a liebres?

El aroma del barrial era el aroma de la sangre

El cuesco del paraíso había caído cortando a este planeta

Nuestras mentiras incluso

Nuestros dolores no significaban nada

Más lejos de los campos y de todas las ciudades

Más lejos que la mente incluso

Ahí se encontraba el corazón

Latiendo sobre sí mismo

En su propio cautiverio

Pero esta vez presa de otro depredador

Ya no eran las manos nombres secuestrados por sus propios espejismos

Y pasaban por las pasarelas de la rutina

En búsqueda de colores

Que marchitaran de una maldita vez cualquier ansiedad

Ahora eran balas al cielo y gritos

“sabemos que están por ahí comunistas culiados”

“voy a hacer que este mismo perro se los folle hijos de puta”

Pero la maldición  no terminaría y lográbamos hacernos nada

Te miré con gran preocupación

 Corríamos lo más fuerte que podíamos

Pero en tus ojos solo podía reflejarse la belleza

Era como si todo para ti fuera un gran lienzo

Y fuiste poniendo uno a uno los arboles

Y creaste tú las flores

Para luego hacer girar sobre ellas a los bichos

Y así el musgo y el camino

Y dejaste en (a) oscuras al sol

Para hacer la noche

Y fue cada vez más lejano nuestro captor

Que pudimos caminar

Hasta encontrar un pequeño pueblo

Con un viejo edificio en el centro

Donde estaría el caserón que la monja ofreció para nosotros

Y era gris y frente al río

Y pareciera que nada ni nadie habitara por ahí

El viento movía las hojas del tiempo

Y ya era necesario descansar

Al menos de mí

Al menos de ti

Al menos de todo.

 

5

 

Al golpear abrió una mujer de edad

Nos miró detenidamente y preguntó

“¿ustedes son Martina y Gastón?”

A lo que tú respondiste subiendo y bajando la cabeza

Nos hizo entrar, fuimos al fondo de la casona

Y nos abrió una puerta que daba a una escalera hacia el subterráneo

Nos pidió que guardemos silencio

Ella se encargaría de darnos lo que necesitábamos

Solo había que mantener el silencio.

El cuarto oscuro olía a humedad

Apenas te podía mirar por el reflejo de la pequeña vela

Tú parecías tranquila pero ya no sonreías

Quedaste muda y por consecuencia yo tampoco hablé más

Pasaba largas horas mirándote

Me gustaba imaginarme dentro de tu cabeza

Pasando por tiempos

Corriendo por tus fotografías

Siendo quizá el agua de tus recuerdos

La turbulencia del sur

La sombra de los jotes sobre los restos de un animal

En plena costa.

También entraba en tus ojos

Que apenas pestañabas

No tardaste en encontrar un libro

Quizá fue el momento más feliz de la estadía

Pasábamos horas leyéndonos silenciosamente

Casi al oído

Las verdes colinas de áfrica de Hemingway

De a poco empezaste a verte mejor

Parecías tranquila

Habías recuperado tu color

La dulzura en la mímica del silencio

Comunicándote así con tu propia melancolía

Haciéndola brotar en tu naturaleza

Y me abrazabas simplemente porque había que abrazar

Y te quise desde luego

Siempre te había querido

La muerte entonces era una moneda

Y tú, tú la jugabas a diario.

A falta de cielo

No había nada más misterioso que tu impecable luna

A cuesta del espacio y seguías siendo también todos los océanos

Y el eco de todos los animales

Yo entraba en tu cascada como tú en mi laguna

Y quería cazar de ti y pescar en ti

Todo lo que la vida jamás me dio

Entonces tomé mi barca y entré en tu mar

Y casi morí al estallarme con tu turbia agua y tus farellones

Y eras las gaviotas sobre el mercado

Y eras el pan y el agua

Y también el vino

En ti me mareé y resucité

Y jamás podré olvidarlo

Porque incluso coseché de tu respiración

Lo poco y nada que me queda de esta vida

Fuiste el juego repentino

Y el máximo placer

El amor entonces era simplemente

Inundarlo todo de silencio

Y no esperar más

De lo que existe

Si no de ti

La infinidad de lo que jamás nadie habría inventado

Sobre tu charco gris

Mi tibia sangre y así pasaron los meses

Y mi corazón empezó a enfermar.

 

 

 

6

 

Una mañana desperté fatal

No podía mover mi brazo derecho

Sentía que el corazón se había ido definitivamente

Te preocupabas pero no había mucho que hacer en aquel cuarto

Me hablabas sobre cosas que quizá jamás existieron

Y era probable que las inventaras para alegrarme

Pero me preocupaba

No quería morir ahí

Me preguntaste por el nombre de una flor

Y terminaste el libro

Ya no sabíamos cuánto tiempo llevábamos abajo

Sin ver ni la más mínima luz del sol

Decidimos marcharnos

Ya no importaba tanto.

Cuando salimos pensábamos que era la mañana

Pero en realidad estaba atardeciendo

La mujer de la casona pareció poco preocupada

Le agradecimos

Nos abrió las puertas y quedamos nuevamente en el centro de pueblo

Caminamos hacia el bosque y definimos volver a la ciudad

Juntarnos con la monja y tratar de conseguir un médico

Me afirmaba en ti

Eras todos los milagros y también el camino

Recuerdo haber pensado que me congelaría

Parábamos para descansar cada cierto paso

Tu tono dulce me alentaba

Pero de pronto como un estruendo volvieron a estallar los perros

Y corrimos como pudimos

Se acercaron demasiado

Preferí tirarme bajo un árbol

Y vi cómo te perdías con los disparos y los ladridos

Entre los bellos  campos de pino y la ilusión violenta de una noche sin luna

Con las estrellas ardientes y poco a poco un silencio.

Como pude te busqué, pero era inútil

Me senté sobre una roca y cerré los ojos

Tirité mi propia despedida

No podía haber nada más triste

Que ver caer la belleza desde el cielo

Y no poder sostenerla

Como si alguien alguna vez hubiera podido sostener una estrella en fuga.

En fin te perdiste

Y por primera vez fui yo todos los ríos de esta tierra

Y los volcanes temblaron y explotaron en mí

Y el silencio ya no fue una preocupación

En ese mismo lugar

La vida era una estúpida

Y triste canción quebrada

Y el resto, el paisaje, un incendio sin humo

Y yo

Yo era lo más parecido a nada.

 

7

 

Frustrado sobre una piedra aguanté la respiración

La noche era extraña

El cielo era oscuro, más oscuro que el alma

Y el viento apenas entraba con su frío,

Sus alas de aire

En fin, con la vida.

Escuché un ruido que venía detrás de un arbusto

De a poco se empieza a acercar

Era un animal hermoso

Jamás en mi vida vi ni supe de un animal así

Era un flamenco celeste con cola de pavo real

Se acercó a mí lentamente

quedó muy cerca

Nos miramos a los ojos largo rato

Sentí una electricidad que me atravesaba completamente

Pero no era miedo

Era algo distinto

El animal retrocedió un par de pasos y habló:

“hola Gastón, vengo de 10.000 años en el pasado

Tengo una misión, Martina está muriendo

Está muriendo sola y es lo más triste que a alguien le puede suceder

Te puedo dar la posibilidad de viajar conmigo

Pero no la de volver”

Acepté en ese segundo

Y el animal abrió una puerta en el cielo

Caminé junto a él

 Por esa pasarela

Fui al lado de estrellas, infinitos colores

Y en un abrir y cerrar de ojos

Estaba en un campo azul

Todos los árboles eran frondosos

y los pájaros coloridos parecían ignorarme

el cielo era igual que nuestro cielo

pero cayendo sobre la tierra tan repentinamente

como si todo se mezclara

el pájaro me acercó a tu casa

entré lentamente

ahora estoy acá

y tú, tú estás acostada mirando el techo

te ves mal, estas pálida

tienes los labios secos Martina

mi corazón se aprieta de puro espanto

Transpiras

me preguntas quién soy

y es verdad, no sabes quién soy

no me conoces

no importa

me dices que estás por morir

y yo te digo que no volveré jamás

me preguntas ¿A dónde?

Ya no vale más la pena seguir con todo esto

Se me aprieta el corazón y mi alma está seca de amor y muerte

Ante todo espejismo mi salvación, el desvelo

Te estoy mirando y hablando y me resbalo en tanta lágrima

Jamás amé a nadie como a ti

Y en ti me escondo

Mi refugio

Ya estábamos muertos desde antes

Siempre fuimos muertos

La vida vulgar y el paraíso son hermanos gemelos

Y mi vida lamentable se reduce a este abrazo.

 

 Gastón abraza a Martina y todo se detiene

El cuarto queda inmóvil

De a poco todo empieza a parecer una pintura de óleo

Y luego nos damos cuenta que la pintura está en las manos de un oficial

Él sonríe mientras fuma

Tira el humo sobre la pintura donde sale una pareja abrazada

Él está de pie en un cuarto oscuro de subterráneo

Y de bruces en el suelo dos  personas

Parece que somos nosotros nuevamente

Pero inmóviles

Con una bala en la cabeza cada uno

Y flota como flores sobre el río nuestra sangre

charco largo

Y sobre él está flotando un libro

Las verdes colinas de áfrica de Hemingway.

 

Autor: Juan Rudolffi

 

Imágenes tomadas de 

 

https://www.regeneracionlibertaria.org/izquierda-libertaria-una-nueva-manera-de-entender-la-politica

 

y

 

https://www.baraderoteinforma.com.ar/galeano-y-la-dictadura/

 

 

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

ISSN: 2524-9266

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