• ale raymond

Lo que sea


La yerba se volcó sobre la mesa dejando un mapa de costas y montañas que tapaba la pinza, el destornillador y el alambre. Lo que era una mesa de trabajo ahora se había transformado en una mancha semejante al plano de un tesoro. Martín supo al verlo que en vez de terminar su trabajo se iría en busca de aquel frijol mágico que según entendía la yerba le indicaba. Quizás fuera un truco, pero comparado con la Guía de rutas de Argentina, la mancha sobre la mesa se asemejaba a la Bahía de Samborombón. La pinza, en forma de cruz, indicaba que cerca de Reta se encontraba eso que él andaba buscando. Más rápido que un pájaro agarró las llaves del auto, la pala, una linterna, una botella de whisky y partió a la aventura.

Minutos más tarde apareció en la habitación Romi, su mujer, cargando unos aparatejos que acaba de comprar. Luego de dejarlos en el piso lo primero que observó fue que la pava hervía, lo segundo, que la mesa estaba toda manchada y que la lámpara seguía sin ser arreglada, y lo tercero, que la luna estaba llegando a su cenit. Ni su marido, ni el auto, ni la linterna, ni el whisky estaban en la casa. Por suerte uno de los aparatejos que había comprado servía para comprender situaciones, se trataba de una cámara de fotos que al ser dirigida hacía un escenario emitía una serie de posibilidades de lo que podía haber ocurrido allí. Las posibilidades fueron: que su marido había sido raptado por los extraterrestres (Romi descartó esto por lo del auto), que su marido había ido a esconderse a un árbol (tampoco, Martín nunca fue amante de la naturaleza), que su marido había visto un mapa secreto en la mancha de la yerba y había huido a quedarse con el tesoro, que su marido no sabía arreglar una lámpara y ante la vergüenza había huido.

En definitiva, sea cual fuere la posibilidad correcta, su marido no estaba.

-Iuuuujú – gritó Romi, que se desnudó inmediatamente, se armó un porro, se lo fumó mirando la luna y se durmió hasta el atardecer.

Mientras tanto, en Reta, Martín cavaba bajo una palmera para encontrar exactamente lo que buscaba, un frijól mágico, que de mágico sólo tenía el gusto. Martín se hizo un microguiso. Sabía a aventura y libertad. Al rato le dio pedos.

Textos: ale raymond

1981; vivo en San Marcos Sierras, Córdoba, Argentina; en una casa de barro construida con amigos. Miembro activo de la FLIa, la radio garabato y la vida. Poeta, charlatán y vendedor ambulante de libros propios y ajenos. El poema pertenece al libro Ceci no es una pipa (1era edición) el asunto (2006; última edición 2016 artexto capuchas)

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