Verano del segundo milenio

El domingo y su clima húmedo,

bajo la sombra del durazno

tu mamá peina tu pelo con tierra.

La juventud lloviendo,

la sangre y el sudor

esparciéndose en las espinas y las sábanas.

Los lazos aterciopelados envolviendo el cuello,

invitándonos a unirnos a nuestros hermanos.

Somos los chicos desleales y apresurados

bendecidos con el don de la indecisión.

El suicidio flotando en lo absurdo con las moscas,

las horas debajo de la palmera,

las horas arrugando los dedos de los pies.

¿Cuándo empezamos a cambiar?

¿Cuándo aceptamos la mortalidad?

El domingo húmedo en la iglesia dormitando,

escuchando sobre la rendición,

pensando en el sexo morboso de anoche.

La ciudad en tono lavanda se aleja y se achica,

los rulos se caen,

las zapatillas pulcras se ensucian.

Arrodillados frente a las manzanas con gusanos,

me gustaba la línea que se formaba entre tus piernas,

me gustaba tu mano en mi cabeza mientras escribía sobre tu respiración,

me gustaba verte nadar y ver el brillo de tus dientes cuando reías.

Todos somos egoístas y mentirosos,

todos somos perfectos y divinos,

con la piel enrojecida por el sol,

los ojos rojos y los labios mojados carmín,

el sudor saliendo de los poros y la pasión.

Somos jóvenes y antiguos,

tenemos miedo de crecer,

queremos morir antes,

presionamos las venas con los dedos.

Somos la imagen pixelada de la infancia.

Pintura de Luis Otero

Autora: Cece Luque González

Soy una orgullosa joven de Rosario, me considero una escritora que suele robar momentos ajenos para crear y que tiene mucho que decir.

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Imágenes: Arriba, Van Gogh. Abajo, pintura de Luis Otero