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Mixxxología


Cuando llega la primavera mi deseo de explorar sabores que me seduzcan florece con ímpetu y pongo en juego mis sentidos para mezclar creatividad y pasión en cada trago que pruebo. Entonces mi casa se convierte en un delicioso templo de experimentación, porque descubrir nuevas combinaciones siempre es interesante...


Cuando Danay viene a visitarme me invade un voluptuoso deseo de probar Daiquiri de durazno. El secreto para preparar un delicioso daiquiri es conseguir un buen ron cubano… por eso intuyo que no fue casualidad la descarada felicidad que sentí cuando conocí a Danay y ella me preguntó, orgullosa: “¿No lo notas? Yo he nacido en La Habana”.


El Daiquiri de durazno lleva:


2 partes de buen ron blanco cubano

2 deliciosos duraznos medianos

1 parte de jugo de limón

2 cucharaditas amables de azúcar

hielo picado, el necesario.


Tampoco es casualidad que llegue a casa con unos deliciosos duraznos. Yo amo probarlos: adoro acercarlos a mí para oler su perfume dulzón, acariciar con las yemas de mis dedos su delicada piel, posar mis labios húmedos sobre ellos… y sorprenderlos con una mordida pícara.


Por definición, el daiquiri es una bebida “pa´ gozarla; como La Habana”. Para lograrlo, el siguiente paso es picar el hielo y el hielo, como Danay, genera un efecto contradictorio. Cuando pongo un cubito de hielo en mi boca y recorro su cuello entregado: efecto hot. Hielo apretado entre los labios jugando sobre ombligo entregado: hot-hot. Lengua helada descendiendo… triple hot.


Yo prefiero servir el Daiquiri en la copa de Margarita, la de cuello elegante y boca bien abierta. Para que quede bien homogéneo, es importante agregar los ingredientes en la licuadora de la siguiente manera: primero los duraznos y el azúcar; luego el jugo de limón y el ron; por último, el hielo picado. Licuamos todos los sabores en un cómodo sillón y… a disfrutar.


El único problema con los Daiquiris es que los duraznos no son una fruta de esta estación y son muy difíciles de ubicar, como Danay; por lo que hay que sacarles todo el jugo cada vez que se les puede echar mano.


Por otro lado, cuando llega Gael solo puedo pensar en hacer Micheladas. Él me cuenta que este trago necesita una rubia de cuerpo suave, y yo finjo enojarme con la excusa de que me gustan los sabores concentrados e intensos… pero también me gusta dejarme seducir por el “dame chance” de Gael.


La preparación lleva:


5 partes de cerveza suave, de preferencia

1 parte de jugo de limón o lima

1 pizca de sal

(Salsa tabasco; sorpresa)


Para compensar la suavidad de la bebida, el vaso Pilsen de Gael es largo y ancho… y trae una sorpresa al final. Él lo toma entre sus manos con una provocadora convicción, humedece la boca en el jugo de limón y la hunde con firmeza en el plato con sal. La sal cubre todo el contorno de la boca del vaso y ayuda a elevar una pizca la presión arterial… con la fiel promesa de que será lo primero que van a tocar sus labios.


Si hay un ingrediente que amo más que la lima… son los labios jugosos de Gael. La lima le suma frescura a la chelita y realza el sabor de los tacos al pastor; y el tabasco le agrega una sorpresa al final. A Gael le encanta saborear el picante que queda al fondo del vaso… y yo puedo sentir como esa lengua se hincha, se pica como un buen poema erótico y no puede parar de vibrar.


El único tema con el picante es que su abuso puede provocar una úlcera, como Gael; por lo que hay que saber administrar los encuentros condimentados.


Y como dice el refrán, falta la excepción que confirme la regla. Siempre creí que era una persona amante de los sabores voluptuosos, y consideraba que seco no es bueno… “Oh, Darling…”, eso es porque nunca había probado un “delicious dry drink”. Y claro, Emily solo podía ser inglesa, seca, misteriosa. Como un buen Gin Tonic.


El trago lleva:


1 parte de London dry gin

½ limón en rodajas cordiales

3 corazones de hielo

agua tónica hasta completar


La ginebra London Dry es ideal para explorar con cítricos y especias. Siempre creí que el Tonic se hacía con limón; hasta que Emily me enseñó a hacerlo con frutos rojos. Ella los corta para exponer su interior y los deja reposar en el gin, para que absorba su sabor… aunque siempre deja alguna frutilla, o alguna blackberry, para morderla y dejar que sus labios se impregnen a gusto…


A mí me prende fuego la ajustada pronunciación de Emily. Cuando ella dice /dʒɪn/ apoyando su lengua en el paladar y estirando la vibración de la ene final, se me erizan los pelos de la nuca; la vocal acentuada de /ˈtɑnɪk/ suena fuerte y segura, pero literalmente, cuando dice /ˈaɪs/ y deja vibrando con malicia el sonido sibilante final, me derrito… y no puedo evitar derretirme sobre sus labios estrechos.


Para servir el Gin tónic tengo unas copas austeras y elegantes, como las piernas de Emily, pero tengo un problema con esta bebida: el Gin tónic es una bebida sobria… y para mí esa es una enorme contradicción.


Cuando llega la primavera mi deseo de explorar sabores que me seduzcan florece con ímpetu y mi casa se convierte en un delicioso templo de experimentación donde descubrir nuevas combinaciones interesantes... Y hablando de eso, acabo de conocer a Ferami, y acabo de caer en la cuenta de que nunca probé un buen trago nigeriano…

 

Autor: Ale Zawislak


Es docente y le gusta mucho escribir. Formó parte de dos compilaciones (una de relatos, otra de poemas) y en el 2020 publicó su primer libro de poemas: Palabras limítrofes.


Instagram: @alez.escritor

La imagen está tomada de acá

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