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Extensa maravilla


En la extensa maravilla cósmica del encuentro, ambos se durmieron sin importar el despertador y otras tantas alarmas más. El roce de la piel no supo de fronteras, ambos encontraron en sus talones un amante del presente y del contacto. Que el resto lo disponga la luna, la noche atestigua un fogón corporal digno de placeres compartidos y los amaneceres despeinados sabrán a café y tostadas.


Los labios de ambos explotaban como un cometa en el cielo de mí país, las caricias se vuelven un dialecto noches como esta. Con cada susurro se anticipaba lo mágico y lo cotidiano que puede ser amar, con cada suspiro ambos respiraban realidad cruda de vergüenza y dignidad resistente a acostumbrarse. Lo demás una sonrisa dibujada, un vino sin el corcho, una anécdota ladrada, un recuerdo lagrimón, un masaje en lo antiguo, y huellas dactilares en lo que será.


Los pies de ambos jugaron al tatetí, su ropa quedó naufraga en la madera del suelo, sus parpados no resistieron tanto goce y se desmayaron. La cordura renuncio cansada de ahogarse en vano, ambos tenían la certeza que ese tiempo era miel de verdad.


En el reflejo del espejo sus siluetas eran arco iris, las ventanas se empañaron de gemidos, los gritos de ambos hacían aullar a las lauchas del altillo, el cerrojo de la puerta quedo adornado por una bella tanga, el velador super fachero con el calzoncillo de peluca y ambos mirando la nada sintiendo todo.

El sol los encontró en cucharita sonriente, se amaron lentamente y amasaron pan caliente. Las estrellas se seguían viendo en el techo de la habitación, recordaban por la mañana al destino y la casualidad haciendo el amor. Lavarse la cara y darse cuenta de que todo es real, los sentimientos no hipotecan el bienestar. Ambos comienzan a forjan bellos recuerdos y anhelos hambrientos de saciar.


Se duchan mirándose el ombligo ajeno, sabiendo que esas panzas ya se estuvieron rozando, cruzar miradas es el nuevo desafío; tras cartón preguntar sin miedo al olvido. Se secaron con la ventana cerrada, el vapor compartido despetrifica el alma, al vestirse en el pequeño baño se conocieron bailando. El abrazo al sol de mediodía les calentó los sueños deseados, subir la escalera a los besos para peinar al velador desvelado, la puerta del cuarto entreabierta por ese cerrojo elástico.


En la extensa maravilla cósmica del encuentro, ambos se encontraron. El destino y la casualidad se desearon y brindaron. La dignidad hace el amor y lo quimérico gime a su lado.



 

Autor: HN (Leroy Mendoza).


Escritor patagónico. Residente de Bariloche, 30 años. Docente.


Instagram @leroy_leroy_m



Foto de Diego Osses


Aficionado a la fotografía analógica, utiliza este medio de expresión como un espacio para desarrollar su creatividad a través de ejercicios con diferentes rollos, lentes y temáticas que van desde el retrato hasta lo más onírico y fantástico; aún en busca de un estilo que lo defina.


Actualmente reside en el territorio de Temuko en donde ha montado dos exposiciones, también como ejercicios que forman parte de su crecimiento en el mundo de la fotografía.


Otros datos de menor importancia que completan su perfil: Nació bajo el signo cardinal de cáncer el 87', aunque no cree en la adivinación estudia el tarot marsellés hace diez años, prefiere la cerveza negra. Tiene dos gatos.


Sus trabajos pueden verse en Instagram @dobleosses



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