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Dos escritos de fuga


A veces me rompo.

Hoy fue un día medio así. De romperme y tratar de juntar los pedazos que andaban desparramados en el puerto.


El puerto es una metáfora porque en esta ciudad no hay un puerto como los que habitan mi cerebro. Donde los barcos se alejan para siempre en mares de incertidumbre y en una lejanía dulce y sin tregua.

Hoy me rompí y encontré mis pedazos desparramados en el puerto. Y después los junté. Parte por parte. No sé bien en qué orden.


Tal vez los pedazos de las cejas hayan quedado en los pies, y los de las uñas en los codos.


No sé.


Sé que al final, cuando ya no hubo más día, yo volví a ser yo. No me había perdido. Andaba dolida, pero andaba entera. Por ahí me cambió la forma y ahora era un monstruo, pero era yo.


La monstruosa yo.


***


Ponerse el pelo rojo violento, pintarse la boca del mismo color y calzarse una pollerita ajustada y diminuta en esos tonos.


Nada de eso haré hoy ni nunca. Pero los domingos nublados me dan ganas de no ser yo y pum, ser esa que corre por las calles adoquinadas como una llama encendida.



 

Autora: Marina Klein



Imagen de Luis Otero

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