• Diego Fernando Gallo Casas

Ahora que todos huyen hacia dentro de sus ciegos destinos de plastico


Ahora que todos huyen hacia dentro de sus ciegos destinos de plástico

Ahora que todos abandonan y se saben perdedores de ese maldito juego que nadie quiso comenzar

Falsos jugadores en de manos amputadas

Ya ninguna metáfora alcanza para dibujar a Dios en el corazón de los desesperados

Ya nada nos alcanza para soportar la pesada carga del hombre y sus mentiras a medias

Ya no podeos culpar a la muerte de tendernos la trampa

Cada mañana

Ni ocultarnos detrás del árbol del desierto

Ya no es suficiente recurrir a lo que de noche se nos queda en la piel, en las encías

Lo que nos separa del último poema y del último abismo.


***


De la cocaína del señor presidente que en las mañana de su cumpleaños comparte con sus hijo en el Water durante del desayuno

De la vergüenza del hombre sin empleo que camina por la calle contemplando el vuelo de las palomas ciegas

De la mierda fresca en el tacón de la gerente del Banco

De la brizna fresca que se pega a las ventanas del burdel al amanecer

Un Dios en cada esquina nos ofrece la dosis diaria de opio que necesitamos para resistir

Nadie entre nosotros sabe que la vida nada entiende de razones

Que sobrevivir no es cuestión de soportar el hambre hasta que estallen las tripas del alma

Nadie entre nosotros le negaría a Dios una pequeña parte de esa eternidad falsa que guardamos entre las manos

Ese fragmento de miseria compartida de la que nos sentimos tan orgullosos

Que hace posible el olvido, la decencia, la prudencia

De la pereza del niño antes de ir al colegio que lo convertirá en un ejemplar vendedor de bazuco y hachis.


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Y no me diga que no le duele el dolor que tiene desde su primera operación en el vientre

De cuando le sacaron a su madre y a su padre a pedacitos

Porque usted se los había tragado

El día en que ellos le dejaron la nevera vacía y la garganta llena de preguntas y cuchillos oxidados.


***


Cada quien se muerde los dientes del alma hasta donde le alcance el odio la rabia, la impotencia y el miedo

Hasta donde le baste para saberse falso inmigrante de todo lugar

Hasta que se de cuenta que ni el desierto es suficiente para su soledad de dios en el desierto

Cada quien se dispara con sus mentiras preferidas, todas a la medida de sus miedos

y regresa al trabajo de medio tiempo a mendigar amor, piedad, un mendrugo de pan para el día de mañana

Para que el alma de los muertos deje de traspirar la sangre con la que nos obligan a beber para no morirnos de sed en este desierto de frutas podridas y de noches como infiernos a mediodía

Hasta que el cielo se nos estrelle en las narices y aprendamos a rascarnos las heridas hasta el hueso

Para que se nos vean las protuberancias cancerígenas que le ocultamos a dios desde la infancia

Hasta que quedemos totalmente presos de nosotros mismos y ya nos nos puedan ver los ciegos que en la calle identifican la mierda de los animales y no dicen nunca nada, pero lo ven todo.


***


Incluso la vida

A pesar de lo impronunciable

A pesar de las piedritas afiladas en el riñón

Incluso la vida, a pesar de la palabra “vida”

Todas las aguas residuales que amanecieron debajo de tu cama

El día de tu nacimiento

A pesar del esfuerzo diario por limpiar la mugre de la casa

Mañana

Incluso la vida

El cáncer

Lo blanco

Las mentiras

El amor

La caca y el coco.



 

Autor: Diego Fernando Gallo Casas


Imagen de Francis Bacon