La mujer de mi hermano

15/06/2020

 La conocí hace varios años, cuando mi hermano mayor vivió en el campo con nosotros. Su relación con ella siempre fue clandestina.

 

Aún recuerdo el jadeo que hacían en las noches cuando cogían. Eran gemidos de dolor, pero placer al mismo tiempo. Era imposible continuar durmiendo sin percibir el sonido húmedo de su verga entrando y saliendo de aquel agujero.

 

Mi hermano le preguntaba si le dolía a medida que se la metía y si ella decía que sí le ardía él aumentaba el ritmo y la cogía más fuerte.

 

Él disfrutaba el sufrimiento de ella. Le daba morbo sentir que la rompía con su pito y se sentía orgulloso de verla al día siguiente caminando incómoda por el maltrato que le propiciaba.

 

Por las mañanas la rutina continuaba y nadie notaba la relación de ambos. Mi hermano siempre fue muy mujeriego. Nadie entendía como pudo pasar un par de años aislado en el campo sin tener un agujero donde meter su aparato reproductor.

 

Todos desconocían la cercanía que tenía con la misteriosa mujer. Mientras todos dormían mi hermano sigilosamente bajaba su ropa interior, le frotaba suavemente el hoyo y aplicaba algo de saliva antes de dejar ir hasta el fondo su erecta manguera.

 

No paraba de saciarse de ella. Le tapaba la boca para evitar que hiciera ruidos y se la metía hasta eyacular dentro de ella. Luego se levantaba, se lavaba y se dormía.

 

Ella era su muñeca inflable. Una mujer sin voz que solo le prestaba su caliente agujero para que drenara su semen y siguiera la vida de macho cabrío que demostraba ante los demás.

 

Ella tenía una vida normal. Iba al colegio y sonreía ante los demás. Le gustaba ser utilizada y disfrutaba el maltrato nocturno de mi hermano.

 

Muchas veces la vi rota. Sangraba cuando mi hermano quedaba solo en casa con ella. Todo era mucho más salvaje cuando nadie podía oírla. Primero le hacía chupar la verga y luego le tapaba el rostro, apagaba las luces y copulaba como una bestia, sin compasión.

 

A veces quería ayudarla, pero era casi imposible. Contar eso a la familia era romperle el alma a mi vieja.

 

Así que preferí que le siguieran rompiendo el culo y sin darme cuenta me convertí en cómplice indirecto.

 

Trataba de acercarme para hablar con ella, pero siempre estaba muy callada. Sus ojos transmitían un vacío que no podía describir.

 

Todo en su vida parecía derrumbarse. Ella comenzó a fumar y se iba transformando en un ser totalmente distinto.

 

No soportaba que mi hermano solo la usara para coger y frente a todos la ridiculizara como un cero a la izquierda.

 

Cuando él se reunía con otros hombres la hacía a un lado. Pero ¿Cómo era posible que la discriminara como un puto en el día y en la noche se la cogiera como un animal salvaje?

 

-¿Cuántas veces tengo que decirte que te comportes delante de mis amigos? -Le gritaba mi hermano a la asustada mujer.

 

Yo estuve observando desde lejos hasta que él golpeó su cabeza y al despertar estaba yo tendida en el suelo.

 

No sé cuánto tiempo había pasado, pero estaba él sobre mí dándome golpes y maldiciéndome.

 

Me gritaba ¡Puto! ¿Ahora qué vas a inventar? ¿Qué le dirás a todos? ¿Qué te cogí? ¡Nadie te creerá!

 

No hice el más mínimo intento de defenderme porque sabía que él era más fuerte que yo.

 

Cuando traté de levantarme me volvió a golpear y tirada en el suelo me desnudó y comenzó a follarme.

 

De manera bastante salvaje, como hacía siempre que quedábamos solos en casa. Esta vez estaba consciente que la mujer que yo había estado observando era yo misma.

 

Esa fue la última vez que lo vi. Al día siguiente fui a casa de mi abuelo, del que también fui mujer por un tiempo, pero del que nunca recibí ningún golpe.

En mis encuentros sexuales con el padre de mi madre no hago énfasis porque su vida de mierda con el Alzheimer hizo que de alguna forma pagara un poco de todas las violaciones secretas en mi familia.

 

Siempre aislé los hechos para no sentirme tan puto o quizás para proteger su heterosexualidad.

 

Tuve miedo de hablar. Contar la verdad a la familia era matar a mi madre. Así que prefería matarme a mí misma y guardar silencio.

 

En mi familia no hubo un secreto mejor guardado que la historia sexual de hace veinte años entre algunos hombres de la casa y la mujer que llevaba por dentro.

 

Y digo “llevaba” porque hoy en día logré convertirme en una mujer real. La mujer de mi hermano fue solo un chico de catorce que le servía de agujero para saciar las ganas.

 

Ella era una mujer de pecho plano, cabello corto y vagina trasera. Yo soy una mujer de verdad, con tetas de carne, cabello largo y una concha en medio de las piernas.

 

Lo sé. Soy muy puta. Me calienta recordarlo. Pero a estas alturas no volvería a coger con ninguno de ellos.

 

Sigo viendo como una retrospección todas las noches que me hizo su mujer y me despido de esos recuerdos con un beso en mi espejo remarcado con mi lápiz labial.

 

Si me viera mi hermano de nuevo ¿Se excitaría al verme convertido en una mujer adulta? ¿Me seguiría tapando la cara para cogerme? ¿o encendería las luces y me chuparía las tetas mientras me rompe la concha con su gruesa verga?

 

Me crea suspicacia saber qué pasó dentro de él desde que supo que me convertí en una mujer de verdad. Yo materialicé lo que sentía que era en esencia. Pero ¿Y él? ¿Qué estará haciendo con su homosexualidad reprimida?

 

Me gustaría tenerlo en frente y preguntarle si ahora de mujer le doy morbo o si me respetaría por ser su hermana.

 

Me conformaría con que me responda una sola interrogante:

¿Ahora quién es el maricón?

 

Autor: Josué Rey

 

Nació el 18 de enero de 1984, en la ciudad de La Grita, estado Táchira, Venezuela. Hijo de padres colombianos, administrador de empresas y escritor freelancer. Desde muy niño se apasionó por crear narrativas de diferente índole. Desde el año 2016 reside en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Debido a la oportunidad de desarrollo de talento que ha encontrado en este maravilloso país, se ha dado a la tarea de escribir ensayos, microrrelatos, cuentos y otros estilos literarios que ha compartido con sus seguidores, a través de sus redes sociales. Vale resaltar que en el año 2018 resultó ganador del Concurso Misivas Románticas de la Biblioteca Fiat Lux, Colón Argentina, obteniendo el primer lugar con su carta "Misiva de un extraño" y, también participó en el 24º Certamen Literario de Grupo de escritores de Argentina con el cuento "Un niño en el bosque". Ha escrito varias canciones en español, del género balada romántica, convirtiendo este mundo de la escritura en una fusión artística entre la música y las letras. -Enlace a una página personal, blog, web donde encontrar sus obras, etc.
 

https://josuereyescribe.blogspot.com/

 INSTAGRAM: @JJOSUEREY

 

Imagen de Emanuel Joel, Artista que indaga sobre las artes escénicas, visuales y plásticas. Director del proyecto performático "Fanática Viciosa" que ya reunió a más de cien artistas del país en el transcurso de cuatro años. Emanuel ha participado en festivales como "Ahora Arte Latinoamericano (Uy), Perpendicular Invisível (Br), Quincena de Arte Queer (Arg), donde realizó acciones vinculadas con las artes performativas. Sus obras se caracterizan por manifestar una provocación constante al público. Realizo trabajos artísticos vinculados con el Área de Género y Diversidad de la Municipalidad de Rosario.

Pagina web: https://emanueljoel.webnode.com/

Mas trabajos fotograficos en: https://www.instagram.com/oblicuax/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

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