Esteban y Saúl

Cuando los conocí no sabía quiénes eran, solo me fijé en dos chicos guapos que me miraban desde la mesa de al lado. Se besaban libremente de una manera que me llamo mucho la atención, Saúl sacaba su lengua y Esteban la suya y las apoyaban punta con punta intensamente. El deseo carnal mutuo entre ambos era absolutamente claro, no creo que haya habido otra pareja en el bar que se deseara tanto, o que por lo menos lo demostrara.


Esto llamo mi atención porque no estábamos en un lugar que pueda considerarse de ambiente gay, y dentro de mi vieja y conservadora ciudad no se me hubiera ocurrido que podía ver a una pareja de hombres besarse de esa manera en un lugar así, esto me lleno de un poco de libertad, pero por sobre todo de morbo.


Cuando apenas estaba despertando del sueño al día siguiente, en ese estado que llaman vigilia, no pude evitar pensar en aquellos dos personajes de la noche anterior, seguía deseando a ambos y deseando ver la consumación de su amor, que no era solo una cuestión de deseo físico, pude ver en las miradas que se dedicaban su cariño y no era poco, por eso quería ver la consumación de su amor, quería ver esa unión de almas transformándose en una unión de cuerpos.


Y que mejor lugar para recrear la escena de manera ideal que mi propia imaginación, ahí, en ese espacio entre lo inconsciente y lo consciente, a las puertas del mundo onírico donde todavía conserva el ser humano un poco del poder divino de crear.


Esteban, el que más me gustaba, era un chico de tez blanca y cabellos negro azabache, ojos negros con lindas pestañas resaltados por unas cejas oscuras y medianamente gruesas, barba completa afeitada seguramente con el peine guía No.1 puesto en la máquina afeitadora, cabello cortado muy bajo también a máquina, sus labios rosados y carnosos se miraban muy bien en su cara simétrica con frente ancha, pero no demasiado, lo suficiente para encajar en esa simetría.


Y, por último, su nariz era grande y recta. Sí, una cara a mis ojos maravillosa. Puede observar también su pecho, que era ancho, y entre la camisa se podían ver algunos vellos, sus manos grandes se miraban muy masculinas con las venas que resaltaban, y sus brazos atestiguaban el ejercicio que hacía.


Saúl no se quedaba atrás, su piel también blanca, era casi pálida, sus ojos eran oscuros y un poco alargados, lo que le daba una mirada tierna que, con el enfoque correcto, seguro podía llegar a ser muy sensual y provocativa, más si se tenía en cuenta el lunar que poseía al lado izquierdo del ojo derecho, un poco más arriba del párpado y pegado a la nariz.


Sus labios, de un rosado más oscuro que los de Esteban, era más finos y delicados en su forma, su peinado al estilo César le quedaba muy bien y combinaba con su barba cortada muy bajo, tenía una nariz un poco más recta y delicada que la de su amante, y su cuerpo daba la impresión de ser atlético.


En mi fantasía ninguno estaba vestido, bueno, al inicio solo tenían su ropa interior, Esteban con un bóxer color azul oscuro y resorte negro, Saúl con un bóxer igual, pero de color rojo, estábamos en un baño público con baldosas blancas en piso y paredes, ellos esperaban mis órdenes, yo era su director, el director de esta pequeña escena erótica.


Les ordené que se besaran, y lo hicieron con mayor vigor que en el bar, mordían, lamían y chupaban totalmente entregados al placer propio y el de su amante, los gemidos empezaban a salir, les dije que se tocaran por encima del bóxer y empezaron las caricias cada vez más bruscas e instintivas, y empezaron a frotarse miembro con miembro, dejé que la escena continuara, mi placer era ver su placer, no me tocaba ni dentro ni fuera del
sueño.


Era hora de calentar más el ambiente de aquel baño frío, que a lo mejor representaba mi interior, por mandato mío se quitaron su única prenda y procedieron a masturbarse mientras se besaban, no solo en la boca, sino también en el cuello, en el pecho, en los pezones, merecedores de lamidas circulares y mordidas.


En ese momento yo era Saúl, era Esteban y era Yo, usaba mi omnipresencia para pasar de un cuerpo a otro, y así absorbía todo, me quedaba con la experiencia de todo el placer que se experimentaba en el recinto.


Le pedí a Saúl que se hincara, lo hizo y empezó primero a lamer el pene de Esteban de abajo hacia arriba, luego la cabeza con movimientos circulares para después succionar, luego bajó a los testículos y trató de meterse ambos a la boca con un solo gesto, luego succionó uno por uno, parando brevemente para tomar aire de vez en cuando. Esteban cogió la cabeza de su amante desde el cabello, metió el pene en su boca y empezó dirigir
gentilmente la felación, cerraba los ojos y soltaba gemidos ahogados.


Baja ahora Esteban, y con manos fuertes pero suaves apretó los testículos de su amante, que se queja de gusto, con su mano izquierda acompaña la felación, cierra los ojos incluso en las arcadas, está concentrado en dar placer, está concentrado en ser el placer, y logra su cometido, Saúl responde con gestos, espasmos y sonidos, me preocupa que se venga demasiado pronto.


Detengo el origen del placer de Saúl y le digo que se dé la vuelta, que se apoye contra la puerta de espaldas a Esteban, el amante introduce primero los dedos ensalivados para abrirse espacio, y cuando Saúl esta listo, penetra delicadamente su interior provocando un gemido suave de dolor y placer, penetra profundamente para estar más cerca de su amado mordiendo su oreja derecha, y así, conservando lo que más se pueda esa postura, empieza
mover de atrás hacia delante sus caderas. Comienza el festejo de Baco.


Esteban es un virtuoso, ¡qué ritmo tienen sus caderas! ¡qué forma tiene de estocar!, dejaba todo lo que era en cada entrada, más que justificados eran los gritos de reclamo de Saúl. Ahora era el turno de Saúl de convertirse en emisor dentro de esta respetable plática. Saúl fue menos caballeroso, confió en que sus caderas podían hacer todo el trabajo, salivó su miembro e ingreso al recinto sin más, provocando la mueca y el grito suave de dolor de su compañero.


Poseía un movimiento especial que hacía que Esteban gimiera complacido muy seguido, entendí que nuestro juego había llegado al punto que tenía que llegar. Por obra de Aglaya, los dos amantes vestían ahora unos arneses sado hechos de cuero negro, con tiras cruzadas en equis que se unían con una argolla en el centro. Esteban llevaba también un collar negro en el cuello, que se unía con una correa que llegaba hasta la mano derecha de Saúl.


Por su parte Saúl, tiene un látigo flogger en su mano izquierda, con el que se empoderó aún más, dio cuatro o cinco latigazos en la espalda y nalgas de Esteban que respondía eróticamente al estímulo, y, al ver su reacción, Saúl sostuvo la correa con fuerza y jaló apretando la tráquea de Estaban, acto seguido empezó a embestirlo como poseído por algún animal salvaje.


Saúl continúo siendo el emisor del mensaje mientras duró la escena, y no descuidó el uso del látigo pese al frenesí que experimentaba. Era más bajo que Esteban, pero pudo cargarlo de frente sin problemas a la vez que lo penetraba, y mientras eso sucedía, jugaba a ahogar los sonidos de su amado con besos feroces e intensos.


El de mirada tierna pero sexy fue el primero en venirse, fue un sonido intenso y fuerte el que expidió cuando visitó a los dioses, seguido de varias y profundas inhalaciones que lo fueron aterrizando poco a poco en el mundo de los mortales. Igual de intenso fue el orgasmo de mi querido Esteban, lo alcanzó en la boca de su amante, que no reparó en perder el
aliento por varios segundos con tal de complacerlo. 


Así fue como acabo mi fantasía, la excitación me despertó completamente del estado de vigilia, y, naturalmente, terminé masturbándome en la ducha. No los conocía bien cuando los vi por primera vez en aquel bar, y ciertamente no los conozco ahora, pero algo sé.


Sé por ejemplo que su relación fue muy sentida pero caótica, y que Esteban decidió terminarla por los errores de Saúl, sé también que Esteban ahora vive en otra ciudad por razones de estudio y que detesta a Saúl, pero seguramente ese odio acabará convirtiéndose en un cariño serio rodeado de hielo cuando todo pase.


Y porque sé de su ruptura soy consciente de que jamás podré llevar mi fantasía a la realidad, tal vez sea mejor así, las ideas desde Platón siempre han superado al mundo sensible.

 

 

Autor: Gustavo Alejandro Ux.

 

Abogado. Aprendiz de la escritura. Contradictorio. Pasional. 

 

Imagen: Foto de Florian Hetz tomada de 

https://www.y-notmag.com/all-posts/florian-hetz

 

 

 

 

 

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