Rattus Rattus, Rattus norvegicus y Rattus obispus

Cosmopolitas y dueñas de la noche. Se relacionan, si acaso, con su misma especie, hasta el punto de repelerles el coito entre ellas pasados 3 segundos.

 

Todo aquello que muere las mantiene vivas y todo lo móvil se vuelve presa de consumo, por lo que, en su presencia, hasta sus propias crías apenas respiran, pues no escatiman filiación.

 

Los científicos las denominan Rattus y el estricto sentido común simplemente ratas. El tamaño de su cuerpo iguala con respeto al largo de su cola, y ésta al de aquel. Bastan sus pequeñas patas anteriores y sus microscópicos cuatro dedos para apresar la tranquilidad de quien se les antoje. De salto, las patas traseras hechas a semejanza de las anteriores, pero con un intruso dedo demás, preparan la más ágil y veloz huida ante la mirada asustadiza de quien nota su presencia.

 

Hacen su aparición, cometen fechorías, huyen y preparan la reaparición. No actúan, irrumpen desde la improvisación el curso normal y armónico de las situaciones. No tienen pelaje más que aquel que pasa por vestimenta de salvaje: siempre oscuras, apenas grises cuando Helio las delata.

 

Profundizan los conocedores y hablan de Rattus Rattus y de Rattus norvegicus. Por sangre y fechorías se toman por familia, aun cuando el estatus las diferencie. Las primeras, por ejemplo, gustan vivir en altos lugares como divanes y segundos pisos. Las segundas adquieren notoriedad y respeto al ir en busca del centro de la tierra. Del molde del que cortesanas y lumpen rattus han irrumpido, ha quedado tatuado el gusto fatídico por el canibalismo y la tenacidad y constancia por perforar la frialdad del concreto.

 

Es sabida su propagación por el mundo. Lo que aún no queda claro es si se propagaron con el ser humano o si estos se extendieron con aquellas. Por mi parte gusta pensar que el homo se ha extendido como Rattus. ¡No vaya a ser que traducir los términos genere mal entendidos… con las Rattus, por supuesto!

 

Me atrevo a sostener lo último motivado por una duda: ¿de qué otra manera entender, entonces, que el obispo Autun, sin herejes a quien mandar a la paila mocha, le haya declarado la guerra a las ratas porque, acusa -con celos de por medio creo yo- éstas representaban un peligro titánico para los hombres? También pienso que en algún momento una Rattus obispus pudo haber declarado igual preocupación hacia los humanos. La falta de evidencias no niega su posibilidad.

 

¿No es el mismo peligro que representa el Homo Rattus al ser el legítimo vector de la fe, enfermedad terminal a pesar de hacerse ver como la cura?

 

Desde el momento mismo en que Dios ordenó matar homosexuales, quemar putas y a no guardar compasión con ninguna de sus víctimas, hasta que por sí mismo tomó las sagradas riendas de los actos y emprendió la matanza de "todos los primogénitos, hasta a los de las esclavas que no tenían nada que ver con la opresión de los israelitas "(Ex. 11,15), no se ha tomado el sabbat, por el contrario, labora como en su primer día en la propagación por derecho propio del peligro, del mayor peligro que alguien o algo, en su caso, pueda representar: ser un asesino.

 

Si somos capaces de anotar un gol en la final de un partido de fútbol en pleno mundial, con seguridad lo podremos hacer jugando un dominical con los del barrio. Lo de Dios representa el gol en la final, ahora me explico en lo segundo.

 

El capitán Teodocio l hizo de la fe un asunto legal más que legítimo; las Cruzadas supieron ser su brazo armado VI siglos después, y los escolásticos el brazo intelectual incluso desde el siglo IV. Más adelante Carafa, Pablo IV, asumió el papel de editor Paulino y solo quería libros buenos -moralmente hablando-, y como escaseaban, entonces previno a los lectores de los no buenos y creó el Índice. En el mejor de los casos prohibía los libros, por lo general quemaba a sus autores. 

 

Recordemos que las ratas son de pésima visión, pero lo han compensado con su capacidad para adaptarse a diferentes circunstancias. Esta facultad de la Rattus, y posiblemente bajo previa mordedura, la haya transmitido al homo, y por ello sean quizás las primeras en haber propagado la peste del voltiarepismo que extingue el raquítico honor político actual. El momento pedía adaptarse al franquismo y el cardenal Tarancón no sólo lo hizo sino que lo publicitó: solía referirse a Franco como "una figura auténticamente excepcional".

 

 Pandy, santísimo András Pandy, en tu memoria y en mi miedo decido callar.

 

Hacen su aparición, cometen sus fechorías, huyen y preparan su arrepentimiento: se suicidan. No viven como ratas, si no que mueren por ratas. Lo atestiguó Maks Suard y lo agradece todo el reino animalia, sobre todo la familia Muridae; ya han limpiado su nombre.

 

Se hace justicia con las ratas: son solo ratas, hablar de ellas solo se hace con la intención de premiar el aporte que con su uso se ha realizado a las ciencias médicas, psiquiátricas y hasta a la belleza femenina. Por ello hablar de desratización no cabe, si de desacerdotizacion. El templo Karni Mata da luces.

 

Son espeluznantes, generan pánico, producen asco, hacen correr e incentivan pensar en tenderles cuanta trampa se ocurra, simplemente son indeseables. Por su parte, y mientras se resuelve lo anterior, para ellas solo queda permitirles el sueño de llegar al centro de la tierra y que de vez en cuando broten y salgan a tomar aire y a desminar campos. Su utilidad no necesita ser demostrada.

 

Autor: Luis Alberto Carmonasánchez

 

Colombiano, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.

 

 

 

 

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