Noche

 

Dio un salto sobre el andén; trastabilló. Se oyó un silbato y acto seguido las puertas se cerraron sonoramente tras de sí. El tren comenzó a alejarse y ella a caminar a la par, con rapidez sobre el suelo cementado y haciendo sonar el taco de los zapatos, en dirección a la escalinata de salida. Pronto, el ferrocarril tomó velocidad y le ganó la carrera, alejándose progresivamente hasta que la noche circundante absorbió todas sus luces y lo hizo desaparecer. 


Se acomodó la cartera de cuero negra hacia delante y se la afirmó con ambas manos contra su estómago. Era la única arribando a aquella estación de tren a esas horas de la noche, a excepción del adolescente que caminaba a unos pocos metros delante de ella, quien pronto, mientras silbaba imitando la música que sus grandes auriculares reproducían, cruzó la vía y se perdió entre una oscura calle.


Al llegar al final del andén, descendió las pequeñas escaleritas y se dispuso a caminar por el extenso y arbolado sendero que funcionaba a modo de circuito aeróbico y de paseo para todos los lugareños.


La noche era clara y cálida; una enorme y blanca luna llena reposaba en lo alto, escoltada por brillantes estrellas.  El cantar de los grillos la incomodaba, al igual que el zumbido de los insectos congregándose en torno a los tubos de luz que rodeaban y alumbraban el sendero. 


Miró hacia atrás y luego a ambos lados, nerviosa. No había nadie más que ella. A la derecha, el camino lindaba con el alambrado que cercaba la vía del tren, rodeado todo este de árboles, plantas y arbustos; a la izquierda, una calle doble mano y cuadras y cuadras de hermosas y modernas casonas.  


Vigorosas ráfagas de viento sacudían la copa de los árboles, arrancando algunas hojas y haciéndolas volar por los aires; una vez que el primer impulso de la brisa cedía, las hojuelas caían al suelo y se deslizaban sobre el mismo, empujadas por los suaves resabios de la ráfaga inicial, y así lo harían incansablemente hasta que algún obstáculo se topara con ellas y las detuviera.


Los tubos de luz chirriaban y parpadeaban, amenazando con dejar de funcionar. El sonido de su caminar, en aquel contexto nocturno, resultaba superlativo. 


Miró hacia atrás y luego volvió la vista al frente. Se abrazó aún más a su cartera y apuró el paso. Se sentía nerviosa y un tanto atemorizada. Sudaba. 


Los bancos que adornaban el camino, pintados todos estos con alegres dibujos y grafitis evocando la naturaleza, resultaba lúgubres y morbosos. Los rostros de infantes riendo se tornaban monstruosos, al igual que las flores, plantas y animales, amenazantes. La noche transformaba en horroroso todo lo hermoso del día.


Distinguió una sombra a pocos metros; esta cruzó la calle y comenzó a caminar por el sendero en dirección a ella. Su cuerpo se tensó y redujo la velocidad. La sombra fue tomando forma y cuerpo poco a poco, hasta convertirse en un simple hombre de mediana edad paseando con su perro. Pasó junto a él y ninguno de los dos se miró. Ella, tan solo, clavó los ojos en el pequeño perrito caniche y sonrió. 


Continuó caminando. El pequeño sentimiento de amor y tranquilidad que le transmitió el perrito pronto desapareció al verse nuevamente caminando sola en medio de la oscuridad. Se dio la vuelta y el hombre y su mascota ya habían cruzado la calle y comenzaban a ser devorados por la noche nuevamente. 


Algunas casas apagaron sus luces por completo. Otras, mantuvieron la del alero o jardín delantero encendida. Los arbustos que rodeaban el camino se agitaban y rechinaba producto de la cálida y veraniega brisa que los empujaba, y sus diversas y disimiles ramas se reflejaban sobre el cemento adoptando todo tipo de extrañas formas y siluetas que la aterraban. 


Por momentos sentía que la seguían o espiaban. Los árboles y plantas eran tan frondosos y tupidos que alguien o algo podía ocultarse y sorprenderla. Sus sospechas se desvanecían por unos segundos en cuanto la luz alcanzaba el follaje y se daba vuelta para corroborar que seguía sola, pero luego nuevamente se reavivaban sus miedos al desplazarse unos metros más. 


Abrió el cierre de la cartera y extrajo el celular para ver la hora: 23.40. 


Un sonido de piedritas arrastradas por el cemento hizo que llevara la vista al frente. Guardó el celular, cerró la cartera y la presionó con fuerza sobre su estómago. Aclaró la vista y vio, algunos metros por delante, a un muchacho joven vestido con ropas deportivas, trotando en dirección hacia ella. Pasó a su lado, le sonrió y continúo con su trote, haciendo sonar una botellita con agua que cargaba.


Aquel atractivo y jovial rostro la incomodó. La invadió el nerviosismo y la ansiedad y comenzaron las palpitaciones. Se abrazó a su cartera y se dio vuelta. El chico aún seguía trotando rumbo al final del sendero. 


Volvió la vista al frente y siguió caminando. Se dio la vuelta por segunda vez y vio que el muchacho llegaba al límite del camino y emprendía el regreso, acercándose a ella nuevamente. Giró y continuó caminando. Aminoró la marcha. Comenzó a oír piedritas repiqueteando contra el cemento, luego el agua agitándose en la botella y finalmente el aire a su alrededor se alborotó a modo de pequeña ráfaga accionada por el joven muchacho que nuevamente pasaba a su lado y se alejaba, esta vez sin dirigirle la mirada. 


Aguardo, aguardó y aguardó, y en cuanto la distancia fue perfecta y los separaban varios metros, se echó a correr velozmente hacia adelante y en línea recta, hasta alcanzarlo y abrazarlo por la espalda.


La botella de agua cayó al suelo; el líquido que contenía se liberó y comenzó a mezclarse con la abundante sangre que eclosionaba del cuello cortado de oreja a oreja del moribundo muchacho, al tiempo en que ella trepaba el alambrado que bordeaba la vía y, luego de guardar nuevamente el filoso y brillante puñal en la cartera, desparecía entre la oscuridad, dejando un gotero rojo tras de sí. 

 

 

Autora: Paola Andrea Rinetti

 

Paola Andrea Rinetti nació en Necochea, Buenos Aires, Argentina, el 3 de Agosto de 1987. Es Realizadora Integral en Artes Audiovisuales, productora, guionista, escritora, correctora y redactora. En 2013 publica su primer libro de relatos breves titulado “Cenital y otros cuentos”, además de haber obtenido hasta la fecha varias publicaciones, menciones y premios en diversos concursos literarios a nivel nacional e internacional. Actualmente, se haya próxima a publicar su segundo libro.

 

 

 

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

ISSN: 2524-9266