Burbuja

 Glug

Nihil tomó el llavero de su bolsillo derecho. Entre las cientos de miles de llaves,

                                encontró la de su casa y abrió la puerta del diminuto departamento.

Apretó el enchufe.

 

Glug

 

Ventanas grises concatenadas en paredes grises en un edificio gris en un país gris dentro del planeta gris de la galaxia gris del universo gris situado sobre la cabecilla de un alfiler metálico, color gris.

 

Glug

 

Divagó. Recordó cuando, anteriormente en el día, se sentó sobre sus llaves en el bolsillo trasero. Le había dolido.

 

Recordó que la puerta de su casa llevaba sellada varios días.

 

Glug

 

Sin mucha sorpresa, Nihil vio a su hijo recostado sobre el sillón gris junto al techo. En su pecho descansaba una botella—en el piso había otras dos.

 

Como era la costumbre, Nihil dio un par de bofetadas livianas a su hijo para despertarlo.

Lo levantó de los brazos y lo llevó a su cuarto.

 

Glug

 

Probó, una tras otra, todas las llaves. Ninguna abría,

pero él ya lo sabía.

Tomó la mano de su hijo. Este, en su embriaguez, se retorcía. Abrió con ella                                                                                                               la puerta.

 

Glug

 

Hodr abrió bien los ojos, sin percatarse de su condición.

Había sido engañado, de nuevo. ¿A quién mató esta vez?

Afortunadamente a nadie más que a sí mismo—es decir, a todos.

 

Glug

 

Llegaron a la habitación, una vez cruzado el Eterno Pasillo de Dos Zancadas.

   La mano de Hodr

abrió una segunda puerta.

    y ahí estaba la cama.

Sobre ella reposaba un edredón repleto de rostros de gatos de Cheshire. Había algo fascinante para Nihil en esas sonrisas,

hasta que recordaba que solamente era una sábana. No que hiciera mucha diferencia—todo estaba muerto de cualquier manera.

No había nada de malo en darle el deleite a la imaginación.

 

Glug

 

Subió a Hodr a su cama. En su embriaguez gritaba ‘¡PAPÁ! Me duele. Déjame.’. Pero no podía dejarlo—tenía que dormir entre las sonrisas, o acabaría muerto.

Ahí dejó a su hijo a sufrir en soledad—bueno, para tal caso, sufrir y estar solo es lo mismo.

Quedó dormido.

Nihil caminó hacia la puerta, y recordó que solamente su hijo podía abrirla.

Se sentó en el suelo y miró al techo.

 

Glug

 

Sus ojos solamente alcanzaban

a ver el abismo negro en el que se diluía el techo.

Mientras tanto, trataba de recordar los días en los que existía el color.

La vivacidad de las memorias era penetrante.

 

Glug

 

Recordó cuando, entre aves gigantes, hacia el amor sobre los pastos paradisiacos.

Por todos lados uno podía ver orgías de desnudos cargando frutas descomunales.

En una de las lagunas, un hombre nadaba patas arriba.

 

Glug

 

Y los colores de pronto eran reales; más reales que la realidad misma

Pero él era cada vez menos real.

 

Glug

 

Glug

 

Primero la piel.

 

Glug

 

Luego vinieron los músculos, uno a uno.

 

Glug

 

Glug

 

Desesperadamente se azotaba de un lado al otro, y con cada movimiento un músculo caía al suelo.

Habiendo perdido los escalenos, su cuello quedó colgando.

Cayó su ojo izquierdo.

 

Glug

 

Glug

 

Ya sin deltoides ni braquiorradiales, empujó la espalda recostada de su hijo

esperando que respondiera.

En el movimiento, cayeron sus tríceps.

Ya casi era un esqueleto.

 

Glug

 

Se dio cuenta de que todos sus órganos habían desaparecido sin dejar restos por ninguna parte.

 

Glug

 

Cayó su otro ojo.

 

Glug

 

‘Soy real’, pensaba. Aún no se le había caído el cerebro. Este sería el que más tardaría en caer.

‘¡Soy real! Debo serlo…no… ¡Soy real! Tengo recuerdos, tengo

familia;

ahí mismo está

                                                                                        mi hijo.

¿Por qué me

                                                                                                      desintegro?

¿Qué me sucede?’

 

Glug

 

Rápidamente se cayó el cerebelo. Con los pocos músculos

Que aún tenía, trató de colocarlo de nuevo en su cráneo.

Pero entonces saltó el lóbulo occipital, al que le siguió el frontal.

El cerebro quedó en el piso, y se desintegró en polvo como había hecho todo lo demás.

Dejó de moverse.

 

Glug

 

Los huesos comenzaron a desaparecer.

En el cráneo, solamente quedaba la glándula pineal. Nihil tuvo un sueño: un sueño en el que era real.

 

¡GULP!

 

Hodr despertó.

 

 

 

 

Autor: Gabriel Ascencio Morales

 

Soy Gabriel Ascencio, estudiante de universidad y escritor como pasatiempo. Pueden encontrar mis anteriores contribuciones a Letras & Poesía, bajo el pseudónimo 'Dr. Asenjo' enhttps://letrasypoesia.com/category/escritores-de-letras-poesia/dr-asenjo-mexico/

Asimismo, pueden seguirme en twitter a @Gabriel_Asce

 

 

 

 

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

ISSN: 2524-9266