Anhedonia

15/08/2019

 Dionisio,  hijo del Dios del vino y el desenfreno, ¿por qué me hiciste tan carente? El placer fruto de tus entrañas ha quedado relegado a mi ser astronómicamente, predestinado a los bajos instintos de mi horóscopo ancestral: Sagitario y chancho. ¿Dónde ha quedado mi cuota de eximición de sufrimiento? ¿Por qué me has destinado a los más profundos infiernos del dolor, por qué mis deseos inmediatos se debaten con el ser social? ¿Por qué no puedo reconocer los placeres sexuales que excitan los sentidos?


Epicuro ayúdame a encontrar todos los placeres necesarios para ser... necesito los deseos naturales innecesarios para ser, dadme la razón que me conduzca a los placeres que me permitan ser… 


El placer único que guía nuestra existencia es el punto de quiebre del alma y la moral social circundante. Aléjate de la maldita parsimonia dictante para poder instruirte en el jolgorio de los efluvios jubilosos del sulfurante placer efímero. Deseo esclavizado del devenir rutilante de consumo. 

 

Autora: Karina Piriz

 

Imagen de Dionisio y Ariadna de Miguel Ángel Sáinz Jiménez tomada de http://ontanon.es/en/116-obras-museo/dionisio-y-ariadna-.html

 

 

 

 

 

 

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

ISSN: 2524-9266