Otra vez saliendo tarde de trabajar. Los viernes todo se complica y en vez de las 7 de la tarde, acabo escapándome a las 8:30, y aun así, me arriesgo a que una montaña de papeles se derrumbe sobre mi el Lunes próximo.


Bueno, ya llegará…cada cosa a su tiempo. Al subirme al ascensor, me topo con mi reflejo; barba descuidada, pelo un poco mas largo de lo que me gusta y el traje todo arrugado. No me gusta lo que veo. Sobre todo porque mañana tengo una boda, la típica de compromiso, pero a la que no me quiero presentar pareciendo un cazador de búfalos. 

 

Recuerdo que por aquí cerca hay una peluquería de esas de franquicia. A lo mejor tengo suerte y me cogen a última hora.

 

Cuando llego al local, la persiana está medio bajada, no hay clientes y tan solo una chica está barriendo, seguramente para irse rápido.


Es mas bien bajita, delgada, tiene una melenita morena y una cara simpática, pero que refleja prisas y cansancio a partes iguales.


Pongo mi mejor sonrisa y me cuelo por debajo de la persiana, echándole mucho morro. Me dice que no puede atenderme y que está cerrado, aunque parece dudar un poco. Tras negociar brevemente creo que se da cuenta de que como ha cerrado caja, puede embolsarse la tarifa para beneficio personal, así que accede a cortarme el pelo y arreglarme la barba, va hacia la puerta y cierra del todo la persiana para que no se cuele otro caradura.

 

Después de un día tan jodido, es un placer sentarte ahí y que te soben la cara y la cabeza. Casi me quedo dormido por momentos. 


Como es normal en mi empresa, recibo mensajes continuamente. No suelo hacerles caso de inmediato pero, ante la insistencia, intento meter la mano en el bolsillo para sacarlo. Al moverme, sin querer, choco con un muslo de la peluquera, que instintivamente se echa para atrás. Como me siento incómodo, dejo el teléfono en el bolsillo y empiezo a retirar la mano, tan torpemente que vuelvo a tocarla. Sin saber por qué, dejo la mano ahí, sobre su pierna. Ella para de cortarme y me mira con expresión neutra. Yo no soy capaz de aguantar esos ojos color miel y bajo la vista, pero la mano se me queda tontamente cogida a su muslo. 


Entonces reacciono y la vuelvo a retirar. Ella sigue cortando y peinando pero noto que, poco a poco, su cuerpo se va acercando a mi brazo, en un roce lento y suave. Empiezo a sudar, no se si es mi imaginación o realmente está buscando mi contacto. La miro a través del espejo y tiene una leve sonrisa.


Decido jugármela y alargo la mano despacio, esta vez la pongo un poco por encima de su rodilla, en la zona interior del muslo. Veo que sigue a lo suyo y no se retira. 


Ahora se que puedo pisar firme. Empiezo a subir la mano, levantando un poco su falda y la bata del uniforme, buscando el calor y la suavidad de sus piernas.


Veo que su trabajo se vuelve mas lento. No me mira a los ojos pero respira profundo. 


Sigo en mi búsqueda y llego a la tela de sus bragas. Se nota cálido y suave.


Muevo despacio la mano, rozando la línea de sus labios, por encima del algodón, con la falange del pulgar, adelante y atrás, abriendo la mano y apretando levemente su culo, redondo y duro. 


Ya no me corta el pelo, me está mirando, se agacha un poco y sus manos rodean mi cuello y me dan un beso largo, húmedo, con una lengua curiosa que busca la mía y que hace que se me escape un jadeo largo de puro placer.

 

A estas alturas, el bulto de mi entrepierna se ha vuelto difícil de controlar: noto la presión del pantalón al levantarme y arrancarme el mantelete. Vuelan pelos al aire mientras la cojo de la cintura y la traigo hacia mí.

 

Ella mira disimuladamente a la calle y se da cuenta de que estamos casi en un escaparate. Me coge del brazo y me lleva, apartando la cortina, a un pequeño cuarto donde tienen la camilla para depilación. Allí se descontrola todo. 


De manera precipitada me quito la corbata y la camisa mientras ella me besa el cuello. Casi me sonrojo cuando aparece mi barriguilla de cuarentón, mi mente vuela hacia el bono del gimnasio que guardo intacto en la cartera. De todos modos no estamos en un concurso de belleza y esto se está poniendo muy caliente.


Casi no coordino cuando le quito la bata a tirones y le busco el pecho, abundante y de pezones oscuros, que lamo con ganas pasando  la lengua de uno a otro mientras los mordisqueo despacio. Huele a lacas, a perfume y sobre todo a sudor, tiene la piel húmeda. Sigo bajando y veo que ella tampoco es ninguna modelo.


Mientras le bajo la falda pierdo el equilibrio y me enredo con mis propios zapatos. Al intentar no caerme casi la tiro a ella. A mi me da la risa pero ella tiene los labios entreabiertos y las mejillas rojas… ardiendo. 


Le bajo despacio las bragas y veo que ha hecho uso de los servicios de la empresa… todo despejado. Bajo torpe con la boca, buscando darle placer, pero a la primera parezco un San Bernardo bebiendo de un tarro y me raspo la lengua con la zona recién depilada. Aun así, ella lo recibe con un leve gemido.


Al segundo intento mi lengua se hace mas fina y encuentra lo que anda buscando… suave, despacio, acompañando los pequeños movimientos de su pelvis.


Con un gesto sutil, (un fuerte manotazo), me impide que la penetre con un dedo y vuelvo a aplicarme con la lengua. Siguiendo un consejo que me dieron de joven… dibujando el abecedario alrededor del clítoris… A…B..C…D…E…F.. (uy!!!! la F…)…G…


A la segunda vuelta se me cansa la lengua, que también es un músculo. Salgo de allí con la barba mojada y relamiéndome como un lobo. Me mira con ojos eléctricos y sin darme tiempo me tumba en la camilla y me pega un tirón de los pantalones, que casi me crea un problema pues se atrancan en el evidente saliente de mi… llamémoslo “empalme”.

 

Parece que ahora me toca a mi, porque pierdo los pantalones sin enterarme. Vuelvo a pasar vergüenza porque mi zona púbica parece la selva amazónica antes de que los madereros la masacrasen. A ella tampoco parece importarle mucho. Directamente se la mete en la boca, como en las películas de mayores. Me siento raro: o no tiene práctica o a sus parejas les gusta de manera distinta. El tema es que no siento nada, pero es inevitable estar muy excitado con la escena y con esos ojos que me miran fijamente mientras mis dientes pugnan por lanzarse a por esa garganta de piel blanca y venas azules. 

 

La dejo que crea que estoy disfrutando pero el cuerpo me pide otra cosa y la aparto un poco para que se ponga de pie. A esas alturas los dos estamos húmedos y no puedo evitar fijarme en que tenemos pelitos pegados a la piel… pelitos de otras personas. Como no soy muy aprensivo, me olvido rápidamente y la siento en la camilla, con las piernas abiertas y de frente a mí, con la altura perfecta. Acerco la punta y casi sin proponérmelo, entra hasta el fondo en un movimiento más rápido de lo que me esperaba. Nos quedamos quietos, besándonos y apretados el uno contra el otro. Cuando parece que nos vamos a lanzar, me salgo del todo. Ella se queda con los ojos, la boca y… abiertos. Dejo pasar unos segundos a propósito, mientras palpito y me hago mas firme fuera de ella, y entonces entro fuerte y vuelvo a salir, luego entro solo un poco, lo suficiente para que se abra, y hago pequeños movimientos, suaves, solo unos centímetros, hasta que siento que ya no podemos mas entonces si, entro del todo y empiezo a moverme, acompañado por gemidos de los dos. 


Tengo que sujetarla para que no se caiga de la camilla mientras la empujo, le muerdo el cuello mientras la cojo del culo y la levanto sobre mis caderas, es tan pequeña que la puedo manejar sin problema, no bajamos el ritmo.


Estoy tan excitado que temo terminar demasiado pronto y mentalmente empiezo a repasar los nombres de los jugadores de mi equipo de fútbol.


Cuando voy por Benzemá,  noto que se pone tensa y que arquea la espalda hacia atrás, dando pequeños espasmos y mordiéndose los labios. Se le pone toda la piel de gallina y ahoga un grito, al tiempo que cierra los ojos y hunde su boca en mi cuello. Entonces no puedo aguantarlo y me vacio dentro de ella, mientras la sostengo como puedo, entre mis piernas y mis brazos, intentando evitar que los dos nos caigamos hacia atrás.

 

La bajo despacio y se queda sentada en la camilla, sonriendo. Yo me siento ridículo, allí de pie, mojado de sus líquidos y los míos, me veo en el espejo de enfrente, desnudo y con los calcetines negros. 


Parece entender mi mirada y me señala una puerta. Hay un pequeño aseo donde me limpio como puedo. Para cuando salgo, ella está vestida y se ha ido hacia la puerta. Levanta la persiana eléctrica y se aparta. Me doy cuenta de que no hemos cruzado apenas palabras. No sé qué hacer ni que decir, así que salgo a la calle y la miro a través del cristal. Ella sonríe pero se da la vuelta y empieza a apagar luces. 


Me meto en el coche y la observo. Estoy pensando en volver a salir para hablar con ella pero veo que alguien se le acerca y le habla. Ella termina de bajar la persiana y le da un beso. Las dos se encaminan juntas calle abajo, de la mano. No puedo evitar pensar en que no se ha lavado y en que lleva cosas mías en la piel.


Al rato llego a casa. Aparco, cansado, con la cabeza embotada y los músculos doloridos.


En el ascensor, el espejo, otro espejo mas, lleva 8 plantas preguntándome como voy a explicar el exótico toque estético de mi cabeza a medio pelar.

 

*Basado en sueños reales.

 

Autor: Luis María López Rodríguez

 

 

 

 

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

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