El bastardo

 

           La cantina estaba casi llena, algo común las tardes de los fines de semana, la guitarra y el tololoche sonaban con ritmos alegres; mayo y sus cosechas de trigo llenaban de alegría el pueblo, era como si le inyectaran en sus venas una doble dosis de vida. La abundancia económica se reflejaba indudablemente en los negocios locales pues era evidente lo elevado de las ventas en esas fechas, los abarrotes vaciaban a diario sus mercancías y las pocas tiendas de ropa hacían sus mejores ventas del año, sobre todos ellos se alzaba prominente El sesteo de las aves, que era la única cantina en el pueblo, que por esas fechas vestía sus galas más elegantes, el propietario y cantinero Manuel Vega mejor conocido como el “güero” arrojaba la casa por la venta y siempre salía muy bien remunerado de esas fechas, por lo que su cantina se distinguía de las de otros pueblos por ser esplendida con sus clientes; abundantes jóvenes hermosas de carácter agradable, música en vivo los fines de semana, cerveza siempre bien fría, un ambiente limpio, por lo que los locales y algunos clientes de otros pueblos disponían a gastar fuertes sumas de dinero en ese lugar. Por esas fechas se ampliaba el menú de la barra puesto que regularmente consistía solo en cerveza, tequila y mezcal, en fechas de cosecha se lucía con bebidas extranjeras como whiskey, brandi, vodka entre otras bebidas caras.

El sesteo de las aves se convertía en el principal atractivo del valle y durante las cosechas todos los hombres estaban a la misma altura, hombro con hombro, el güero trataba con la misma amabilidad a todos, era un refugio de agricultores y ganaderos, ahí escapan del tedio y de la rutina en compañía de alguna hermosa señorita, claro está, si su bolsillo les permitía darse ese gusto. El güero vestía siempre elegante, pero a la vez humilde y atendía a todos sus clientes con una sonrisa, a veces algún bravucón intentaba abusar de esa amabilidad pero él solucionaba rápido las cosas, “la lola” tenía una mirada muy seductora y convincente que siempre ponía orden y calmaba hasta el cliente más altanero y revoltoso, la lola era una escopeta Winchester de doble cañón que guardaba debajo de la barra.

Las muchachas que trabajaban en El sesteo eran las más bellas de todo el valle, siempre con hermosos vestidos y joyería, adornos el cabello y perfumes embriagantes, sus propinas eran muy buenas pero en temporada de cosechas su propina era de proporciones épicas, ellas mostraban maestría al caminar con enormes tacones cargando en una mano la charola con los tragos, sus vestidos escotados dejaban poco a la imaginación, aunque en algunos casos con una buena cantidad y algunas palabras bonitas podías ahorrarle el trabajo a tu imaginación, la mayoría de los clientes caían rendidos a los pies de esas hermosas féminas, regularmente los de edad avanzada, se contaban algunas historias de señoritas que encontraron “el amor de su vida” en algún hacendado entrado en años y que al tiempo heredaban su fortuna, sin duda era el sueño de casi todas las trabajadoras de la cantina.

Un sábado 14 de mayo todo era una gran fiesta en la cantina, risas y cantos en la mayoría de las mesas, pero en la mesa del más lejano rincón las cosas eran muy diferentes, había solo un hombre, taciturno e indiferente a la fiesta con la mirada perdida y la botella en la mano, Joaquín Valdez, su rostro siempre triste proyectaba el reflejo de malos recuerdos y a juzgar por su botella de tequila casi vacía, él quería olvidar algo y lo quería olvidar pronto, ninguno de los hombres presentes estaba dispuesto a compartir mesa con él, por miedo o vergüenza, quién sabe, pero ni siquiera las muchachas de la cantina se acercaban a él bajo las indicaciones del güero, era este mismo quien atendía personalmente a Joaquín.

Ese día había llegado al sesteo una muchacha nueva de un pueblo cercano, inmediatamente su esplendor se distinguió del rebaño, brilló como una luna llena en una noche despejada, su nombre era Valentina, de prominente estatura y piel blanca como la leche, ojos grandes cuan frescas aceitunas, se recogía su largo y lacio cabello en una coleta atada con un moño de listón blanco. Valentina tenía pocas horas trabajando y ya había juntado una propina superior a la que las muchachas completaban en una noche entera, de verdad había causado sensación, lástima, ella se había interesado en el solitario joven del rincón, ese muchacho misterioso exiliado a una esquina que aparentaba un aire novelesco. Como tenía interés, Valentina se acercó al güero a solicitar información sobre aquel muchacho --- Don Manuel, ¿quién es aquel muchacho que está sentado solo en la esquina y por qué luce tan triste? --- el güero meditó su respuesta durante algunos segundos hasta que finalmente respondió ---- mira mija, yo te recomiendo que mejor no te metas en broncas, vas llegando al pueblo y no te conviene que te vean con él, si eso pasa vele diciendo adiós a esas enormes propinas que te dejan --- Valentina lo miró asustada y de inmediato pregunto --- ¿qué fue lo que hizo, acaso es un asesino o un violador, tal vez es un bandolero, un cuatrero o un simple ladrón?, por favor dime que hizo para que la gente le niegue su compañía --- No mija, entiende que hay cosas que es mejor no recordar, ten consciencia de que hay pecados peores que el asesinato y en casos como éste es mucho mejor no saber nada --- respondió el güero y con un ademán puso fin a la conversación.

Joaquín terminó su botella y se levantó de la silla, fue directamente a la barra y pagó el precio exacto de la botella, mientras lo hacía clavó sus penetrantes ojos negros en la tierna mirada de Valentina, quien de inmediato sintió un cosquilleo que viajó por todo su cuerpo y dejó escapar un suspiro, pero aquel hombre parecía carecer de expresiones faciales, pues su rostro parecía un tempano de hielo, Joaquín se fue sin mencionar palabra alguna, sin despedirse, simplemente se retiró a paso apresurado. Aquel acto de indiferencia por parte de Joaquín solo había terminado por encender la curiosidad de Valentina, quien sintió mil emociones explotar dentro de su cuerpo y desde ese día esperó con ansias el siguiente sábado, las muchachas le comentaron que Joaquín tenía años sin faltar, siempre solo, sábado en la noche, bebía una botella de tequila, pagaba exacto y se retiraba sin cruzar palabra con nadie, ella ansiaba verlo, aunque sea de lejos. Así fue pasando el tiempo y durante un mes, no había logrado cruzar palabra con él, pues éste siempre la dejaba hablando, parecía ignorarla en todo momento, ella llegó a pensar que el joven era mudo. Finalmente, un sábado por la noche reunió el valor suficiente para encararlo, arrinconarlo sin posibilidades de huir y no se iba a rendir sin mínimo sacarle un par de palabras, así que fue hasta la mesa del rincón y se sentó desafiante frente a Joaquín --- hola guapo ¿me invitas un trago? --- mencionó con voz coqueta, que era una de las mejores armas de su arsenal, pero su truco no pareció tener ningún efecto sobre el misterioso joven, quien volteó de lugar la mirada y se empinó la botella, la apenada joven se retiró a paso presuroso de la mesa mientras era objeto de burla de las otras muchachas, ya varias lo habían intentado obteniendo el mismo resultado, pero Valentina no se iba a rendir así de fácil, así que tomó un pedazo de papel y escribió una nota “espérame a media noche abajo del árbol del ahorcado, con amor Valentina”, al atender un pedido pasó por la mesa de Joaquín y metió aquella nota en el bolsillo de su camisa, luego de esto el joven fue a pagar su botella y se retiró rápidamente del lugar. Ese día Valentina solicitó permiso para salir faltando un cuarto para la media noche del lugar y como el güero era muy complaciente con sus empleadas, sin preguntarle nada le otorgó dicho permiso, ella se apuró a llegar a tiempo al punto de encuentro, llegó a tiempo y esperó hasta que dieron las doce, doce y cuarto, doce y media, a la una de la madrugada la joven perdió las esperanzas y soltó el llanto, jamás había sido rechazada y mucho menos había andado de rogona con un hombre, pero aquel muchacho le había robado el corazón desde el primer día, humillada y derrotada decidió retirarse del lugar.

Al día siguiente se le caía la cara de vergüenza en la cantina, pues la voz se corrió entre las muchachas --- ahí va la novia de pueblo --- decían entre risas y como el pecho de Valentina no era bodega fue a desahogarse a los hombros del güero, que eran bálsamo para el dolido pues a él acudían la mayoría de los corazones rotos del pueblo en busca de consejo. El güero la escuchó atentamente con cierta preocupación en su rostro, al terminar de contarle Valentina rompió en llanto --- muchacha ¿sabes por qué a ese álamo le dicen “el árbol del ahorcado”? --- no señor pero supongo que alguien se colgó en él --- muy bien, acertaste, ¿sabes el nombre de la única persona que se ha colgado en ese árbol? --- no y no me importa --- pues debería de importarte porque a Joaquín le importa --- ¿por qué habría de importarle? --- porque fue en ese árbol donde se ahorcó mi difunto compadre --- ¿sigo sin entender nada señor --- Joaquín es mi ahijado y su papá se suicidó en ese árbol, ¿ya entendiste muchacha? --- la boca de Valentina no podía cerrarse de la impresión, sí que había metido la pata, mejor dicho metió las cuatro patas y hasta el fondo --- ¿ahora comprendes por qué el muchacho no se presentó a la cita? Lo tomó como una ofensa y con justa razón, dale gracias a Dios que el chamaco es muy educado, cualquier otro te habría partido el hocico por mucho menos ---. Valentina pasó varios días pensando en su imprudencia, pensaba disculparse, pero Joaquín se ausentó de la cantina, al no soportar más sin verlo decidió ir a buscarlo a su casa, preguntó en algunas casas del pueblo donde le dieron santo y seña de cómo llegar hasta el lugar. Finalmente, estando frente a la puerta, lo dudó por algunos segundos pero sus pies estaban agotados de cruzar el pueblo, mínimo se sentaría a descansar un rato y se tomaría un vaso de agua, así que reunió valor y tocó la puerta, la cual se abrió lentamente después de unos segundos, dejando ver el rostro cansado de una anciana, que con una enorme sonrisa le dijo --- buenas tardes mija, pásale a la casa y siéntate, ahorita te llevo una jarra de agua fresca, esta es la casa de la familia Valdez Ruiz ¿en qué podemos ayudarte? --- Ando buscando a Joaquín, creo que debe ser su nieto --- ja, ja, ja Joaquín es el menor de mis ocho hijos mija, ya sé que estoy vieja pero no tanto, él es mi coyotito, fue una sorpresa para su papá y para mí, un regalo extra de parte de Dios --- ay señora, que pena, discúlpeme yo siempre la ando regando bien feo --- no te preocupes mija no pasa nada, ahorita le llamo a Joaquín, espérame tantito, por cierto mi nombre es Socorro Ruiz pero por aquí todos me dicen Coyito --- al decir esto se retiró.

La casa era humilde pero muy grande y con una calidez entrañable, Valentina permanecía sentada en un taburete mientras la señora Coyito daba aviso a Joaquín, pasados pocos minutos el muchacho apareció bajo la puerta del patio con su porte de siempre, sombrero vaquero, botas, camisa a cuadros y un paliacate rojo amarrado al cuello --- ¿vienes a seguirte burlando de mí? --- preguntó de inmediato, así era él, siempre directo al grano, sentándose frente a ella y clavando la mirada en los tiernos ojos de Valentina --- vengo a disculparme Joaquín --- pues no es necesario que te disculpes --- yo solo intentaba conocerte un poco mejor --- pues yo no quiero que me conozcas --- es que me enamoré de ti desde que te vi entrar a la cantina ---, Joaquín quedó anonadado, no supo que decir, jamás había recibido ese tipo de declaraciones, doña Coyito rompió el silencio, puesto que estaba escuchando todo desde la cocina y decidió formar parte de la conversación para ayudar a su hijo --- invítala a salir bruto, llévala a caminar, luego por una nieve y después a cenar, sirve que platican más agusto en las bancas de la plaza del pueblo y de paso sirve que no te vas a emborrachar a la cantina --- así fue como tuvieron su primer cita, platicaron horas y horas, al parecer tenían gustos en común, después de esa cita fue otra y otra hasta que se hicieron novios para después comprometerse. Valentina abandonó su trabajo en la cantina y consiguió trabajo en la fonda del pueblo, por supuesto no le iba tan bien y las propinas eran mucho menores, pero al menos eso ponía feliz a su prometido pues su anterior trabajo era mal visto en el pueblo.

Una noche mientras salían de un baile y Joaquín llevaba a Valentina hasta la casa de esta a lomos de su caballo pasaron por el árbol del ahorcado --- Joaquín hay una duda que me anda rondando desde hace mucho, me da mucha pena preguntarte pero ahora que nos vamos a casar no creo que deba haber secretos --- ya se pa´ donde vas, quieres que te cuente la historia de mi padre, se me hace muy raro que con lo chismosa que es la gente del pueblo no te hayan contado antes, ya vez que aquí los chismes vuelan, pero está bien, te voy a contar, me imagino que ya sabes que mi padre fue el que bautizó este árbol, te voy a explicar por qué hizo eso mi papá; hace como veinte años mi familia era de las más respetadas del pueblo, todo era felicidad, prosperidad y abundancia, en nuestro solar teníamos algunos cochis, los engordábamos para después matarlos y vender la carne, nos iba bastante bien, pues aparte mi familia tenía tierras de cultivo, aparte mi amá tenía la fonda, pero todo cambió una soleada tarde de agosto, ese día parió la cochi más grande que teníamos le decíamos “la concha” por bonita y esponjadita, esa vez parió nueve enormes lechones, gorditos y tiernos, bonitos los animalitos, pero cuando parecía que había terminado el parto, salió un lechón más, el último era diferente, tenía manos con dedos en vez de pezuñas y carita de niño, la noticia viajó como balazo y en menos de una hora ya teníamos a todo el pueblo de mirón en nuestro patio, todos querían ver al cochi con cara de niño, yo era el menor de los hijos pero recuerdo todo tan claro como si hubiera sido ayer, en ese entonces solo tenía cinco años. La gente empezó a decir que era milagro de algún santo, hasta que el cura vino a ver por sí mismo el animal y decidió declararlo como milagro, hasta lo bautizó con el nombre de Bernardo ya que nació el día de San Bernardo (veinte de agosto).

Todo eran risas, hasta que pasaron más días y cuando Bernardo dejó de ser novedad, a uno de nuestros vecinos se le ocurrió decir que Bernardo tenía cierto parecido con nosotros, la gente empezó a agregarle detalles al mitote hasta llegar al punto de decir que Bernardo era idéntico a mi papá y que cuando lo veía pasar le gritaba papá, así que en el pueblo a mi padre empezaron a llamarlo “el culiacochis”, al principio era gracioso y hasta nosotros le hacíamos carrilla, pero cada día que pasaba perdía la gracia hasta convertirse en algo molesto y ofensivo, pasadas algunas semanas empezó a tener peleas en la cantina por esa razón, a diario llegaba todo golpeado y triste. La gente del pueblo empezó a mirar mal a nuestra familia y hasta a nosotros empezaron a decirnos “los cochis”, “los culiacochis” o el favorito de la gente “los hijos del culiacochis” entre otros apodos feos y humillantes. Después el asunto se puso peor, la gente empezaba a tratarnos con asco, escondían a otros niños para que no jugaran con nosotros, las personas dejaron de hablarnos, en la cantina a mi padre empezaron a servirle en vasos desechables para tirarlos cuando él se fuera, empezamos a tener problemas económicos, la gente ya no compraba nuestra carne porque decían que esos cochis los había violado mi papá. Todos empezamos a enflacar, parecíamos arpas, aun así nosotros tratábamos de darle ánimos a mi papá, pero fue inútil, era como si estuviera muerto en vida, una noche ya no aguantó más, sacó su pistola y fue al patio, le dio un tiro en la cabeza a la concha y otro a Bernardo, para su desgracia algunos vecinos lo vieron, entre ellos doña Leonor que fue corriendo a llevarle el chisme al cura, quien acudió de inmediato a mi casa a reclamarle a mi padre --- te vas a ir derechito al infierno Artemio, el homicidio es un pecado muy grande, pero matar a tu propio hijo no tiene perdón de Dios ---, la gente se amontonaba alrededor de nuestro solar, le gritaban --- asesino, aparte de violador de animales eres un asesino ---, mi padre no aguantó más, agarró una botella de mezcal, se subió a su caballo y salió a todo galope del lugar, no le dijo a nadie a donde, esa fue la última vez que lo vimos vivo. En la madrugada vinieron corriendo a avisarnos que ya lo habían encontrado, ya te has de imaginar donde, en el famoso árbol, no soportó tanta tristeza y se quitó la vida, lo peor es que el cura no nos dejó hacerle misa ni tampoco rezos, pobre de mi apá debe de estar ardiendo en el infierno --- Valentina quedó anonadada por la historia, jamás esperó una declaración tan sincera, pero estaba muy agradecida por la confianza --- ¿y por eso la gente no te habla? --- preguntó Valentina --- no mija, entiendes mal, soy yo el que no les habla, no se me olvida ni se me va olvidar nunca lo que le hicieron a mi padre --- respondió Joaquín con un amargo resentimiento en su voz. Ambos siguieron al trote del caballo mientras salían del pueblo y pasaban por el cementerio --- espérame un minuto mija o si quieres ven conmigo --- ¿a dónde? --- es que es cumpleaños de mi hermanito y le voy a poner una veladora de regalo, a veces le traigo dulces o pastel --- pensé que tu eras el menor de los hijos de doña coyito, no sabía que había fallecido el que era menor que tu --- no mija, el que falleció es mi medio hermano, nomás era hijo de mi papá --- mi más sentido pésame, lo siento mucho, ¿cómo se llamaba tu hermanito? --- Joaquín quedó serio durante un momento y mirándola con tristeza directamente a los ojos le respondió con un aire de nostalgia en sus palabras --- se llamaba Bernardo ---.

 

 

 

Autor: Ramón Arturo Duarte López

 

Originario de una comunidad rural del estado de Sonora, México. Licenciado en Educación Primaria, Maestro en Educación, Especialista en Estrategias Pedagógicas, Diplomado en Gestión Escolar y Enseñanza de las Matemáticas. Participó en el XVI encuentro de escritores "bajo el asedio de los signos" en Ciudad Obregón, Sonora donde reside actualmente.

 

Facebook: Arturo Lopez

 

 

 

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ISSN: 2524-9266