STAND DOWN (Breve manifiesto del que sueña y vive)

10/10/2018

 En el espacio escénico solo hay una butaca de madera y sobre ella, una botella pequeña de agua mineral y un vaso de vidrio. Suena una música alegre, festiva.

 

ACTOR: (entrando a escena, serio.) ¿Buenas noches?

 

Se sirve un poco de agua y bebe.

 

Lo lógico sería que yo hubiese entrado a escena con entusiasmo, con una sonrisa en los labios que de solo verla se advirtiese un rato ameno, de alegría. Una alegría que se suponía que íbamos a compartir esta noche, todos juntos, pero no... Lo lamento mucho, esta noche no me siento con ganas de stand up sino de stand down. Hoy no tengo ganas de reír ni de hacer reír a nadie… todo lo contrario, tengo deseos de patear, de escupir, de firmar victorias sobre pieles enemigas. Tengo ganas de devolverle la barbarie a los bárbaros.

 

Bebe otro sorbo de agua.

 

Les cuento que ayer me desperté y soñé; qué raro ¿no? Digo, que raro esto de soñar despierto; paradoja, contrasentido, qué sé yo… Soñar tal vez para mentirle un poco a la realidad, para hacer las cosas un poco más fáciles, para auto engañarse y seguir… O tal vez no… no para engañarse sino para exorcizar un poco los males. Ayer soñé que los muertos por el estado de nuestra historia se incorporaban, y ante ese atropello devastador, como Lázaros revolucionarios andaban por las calles sin dogmas, sin banderas, pero furiosos, anárquicos, mordiendo con prepotencia las injusticias para que estas se desangren, y a la mierda, que no nos jodan más, para que desaparezcan de una vez por todas... (Produce un chasquido de dedos.) ¡Así! Como el retumbe de un chasquido de dedos.

 

Breve pausa.

 

Pero además de andar soñando victoria tras victoria... bueno, uno cuando sueña despierto lo hace con victorias o con éxitos, supongo que no va a imaginar fracasos o derrotas; bueno, cada uno sabrá... Entonces también me pregunté si vale la pena ese ejercicio de soñar, de practicar ese modo de liviandad, de andar sobrevolando la vida real con fantasías que nunca trascienden más allá del propio imaginario; que no es poca cosa, pero que muchas veces no es suficiente... Claro, a menos que laburemos por hacer real esos sueños y no siempre depende solo de nosotros. ¡No! Entonces no… al menos por un rato basta de todo eso. Hoy me resisto a soñar porque prefiero reservarme ese acto para otro espectáculo, para otra acrobacia del imaginario, para otra primavera. Hoy no quiero humor ni sueños. Hoy solo quiero un gesto directo para poder palpar la arena como realmente es, para saber que es arena de verdad, que puede ser mansa, pero que también puede ser capaz de herir, de lastimar. Hoy quiero pulso más que poemas. En vez de contemplarla hoy quiero pincharme con la espina de una rosa y sangrar.

 

Breve pausa.

Bebe un poco de agua.

 

¿Se puede hacer humor con la tragedia?

Sí, claro que sí, claro que se puede. Acaso no vivimos por ejemplo haciendo chistes sobre el genocidio que sufrieron los judíos, o sobre accidentes fatales, o sobre mutilados; qué sé yo... Por ejemplo está ese chiste que dice… Por supuesto, chiste entre comillas. Y además no es una contradicción a lo que acabo de decir que no quiero hacer humor, simplemente necesito contarlo para cerrar una idea, un concepto.

Decía: ¿Cómo entran cien judíos en un auto escarabajo? Piensen. Es probable que muchos de los aquí presentes lo conozcan porque se trata de un cuento viejo, muy usado. Aunque también estoy seguro que algunos de ustedes sentirán algún prurito por exponerse éticamente si confiesan que lo conocen y que alguna vez se rieron... Y tal vez otros no, callan porque verdaderamente consideran que se trata de algo cruel, una mierda de chiste que no se debería pronunciar nunca, que debería olvidarse.

 

Breve pausa.

 

Entonces decía: ¿cómo hacemos para meter cien judíos en un auto escarabajo?

 

Interroga a los espectadores con la mirada.

 

Fácil, los metemos a todos en un cenicero.

 

Escruta a los espectadores con la mirada.

 

Cruel ¿no?

 

E incluso también hay chistes de negros, de palestinos, de mapuches, de gangosos, de tullidos, y por supuesto, de mujeres, para los machistas recalcitrantes, de putas.

Siempre dice algún pelotudo. (Fingiendo la voz) ¡Ehhh…! ¿Viste cómo son las mujeres? (Con su voz natural). No, la verdad es que yo sé cómo somos los varones, y muchos dejamos bastante que desear.

Pero como ya dije antes, hoy no tengo ganas… Corren momentos peligrosos; el mundo está en ebullición porque la derecha tiene su poder, su patológico poder que consiste en aplastar a los de abajo. Ellos no quieren a los pobres, a los descalzos, pero los usan a gusto y piacere, y por supuesto, después los desechan... Qué novedad esto que estoy diciendo ¿no? De todos modos está bueno repetirlo para que algún despistado, que siempre los hay, se despabile… Qué cagada... despistados y fachos hasta debajo de las baldosas; crecen como yuyos.

Otra obviedad, la derecha tampoco quiere a los que tenemos oportunidad de lanzar dardos sin mediar metáforas. Las metáforas zafan porque definitivamente no las entienden, solo les incomodan los dardos directos que duelen y que revindican la equidad, la sonrisa, el amor. Dardos que exigen algo más que caridad, que promesas de humo. Nosotros, los que tenemos la oportunidad de subir a un escenario, o agarrar un micrófono les hinchamos las pelotas a esa patota de derechistas porque no encajamos en sus planes, en sus moldes, en sus lógicas heladas de escritorio. Nosotros preguntamos mucho, gritamos mucho, sentimos mucho. Entonces, como a Santiago Maldonado nos quieren desaparecer, forzar a la mudez. Pero todavía no entendieron que, cuando desaparece uno se multiplican miles de Santiagos, de Lucianos, de Julios…

 

Bate el agua del vaso con su dedo índice, pero no bebe.

Se acerca más al proscenio.

 

Señoras y señores, disculpen mi insistencia, pero les repito que por un rato me resisto a soñar porque en este presente quiero caminar bien firme sobre la tierra. Quiero estar alerta. Quiero mirar atrás para revisar la historia, para criticarla, para estudiar sus por qués, sus doblegaciones, pero sin detener el paso, los pasos que doy hacia adelante, y con la idea fija de respirar libertad porque no acepto más arrebatos del mal, porque me resisto a la oscuridad del estado.  Basta de secuestros, basta de torturas, basta de desaparecidos.

Señoras y señores, hoy quiero embarrarme con ideología, con entusiasmo. Hoy quiero más banderas en las calles, más gritos de protestas, más canciones, más himnos, más besos, más abrazos. Hoy quiero devolverle la barbarie a los bárbaros, porque mañana quiero volver a reírme sin penas que me atraviesen, que me sequen la lengua. Señoras y señores mañana quiero retomar el sueño sin la necesidad de tener que ponerme alerta.

 

Breve pausa.

 

Conclusión, como hoy no tengo ganas de soñar despierto y mucho menos de hacer stand up porque la verdad es que hoy estoy más para el stand down. Se me presenta en este mismo momento un pensamiento con respecto a los chistes, a las anécdotas, al humor de observación que es mi especialidad… En definitiva, al humor en general. Digo, se me ocurre como hipótesis, como idea… Qué sé yo…La cuestión es que tengo la necesidad de aportar un granito de arena contra la derecha que es un monstruo grande que pisa fuerte y que cultiva su germen en todas partes.

Yo me pregunto: ¿No tendríamos que empezar a cambiar la naturaleza del humor y cortarla con los chistes de tullidos, de palestinos, de negros, de mapuches, de judíos, de gangosos, de “putas”?

¡¿Gracias?!

 

 

 

APAGÓN

 

 

Autor: Jorge Zanzio

 

Sobre la obra: STAND DOWN (Breve manifiesto del que sueña y vive)

 fue estrenado el 08/12/2017 en el FESTIVAL DE ARTES ESCÉNICAS 

SANTIAGO MALDONADO, NO DEJEMOS DE NOMBRARLO. C.C.El Séptimo fuego. Mar del Plata

Actor: Rodolfo Costa. Dirección: Jorge Zanzio

 

 

 

 

 

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