Argentina afro

   De fondo suena Stand Up de Bob Marley. Algunos ya habían salido temprano a vender. Quedaban los más pequeños que con poco éxito jugaban a matar cucarachas. También de la cocina empezaban a caer los primeros sonidos y olores. La fila para entrar al baño se componía de cuatro caras cansadas y pronto de tres. Abdoulayé sale temblando de frío; su piel de ébano preferiría el calor de su casa en Senegal. Siempre dice que el infierno lo imagina frío, como Buenos Aires en agosto. 

   Mientras organiza todo para salir escucha un grito. Un grito que asusta a todos: “¡Mataron a Massar! ¡lo mataron!” y los demás ruidos se cancelan. Se produce el silencio, el llanto. Sólo un pensamiento persiste en la cabeza: “Massar Ba éramos todos, nos están matando”. Y todo ocurre a las 8:33 am. Hasta los niños lloran y dejan de jugar. A esa hora las lágrimas condimentan la comida y acompañan el dolor. “Massar era decente, un hombre de Dios que ayudaba a todos” se comenta a lo lejos.

   La tristeza y la incertidumbre se comía las paredes hasta que para rematar cayó el estruendo, a eso de las 9:12 am. Los hombres sin rostro entraron a empujones a la vieja casa y de la misma manera revolvieron todo. La comida fue a parar al piso y ni las cucarachas se salvaron de las botas de acero. En segundos y entre gritos subieron todo al camión. Abdoulayé cae al suelo con las manos esposadas y desde ahí ve como pierde la mercadería para siempre. Sin papeles, sin registros, nada. Sabe que no hay forma de recuperar lo perdido. Respira con dificultad. Una bota recorta la distancia entre sus ojos y el cemento, se siente como un animal aplastado. A este punto la rabia se mezcla con vergüenza y llora. Recuerda la sonrisa de Massar y llora desconsoladamente.

   Lo llevan a una celda oscura. Acostumbrado ignora los insultos de los policías. Hace tiempo que asimiló la palabra “negro” y prefirió olvidarla de inmediato. No la necesita. En esa celda los ruidos de los carceleros no son palabras sino gritos salvajes. Pensó en su familia, en sus amigos, en la pérdida y en el día de mañana, en empezar de cero una vez más. Por ahora reza para que su familia duerma en un lugar seguro y que la tormenta termine, algún día, para todos. 

 

 

Texto finalista del primer certamen de microrrelato Verbas Migradas (España)

 

Autor: Edward Morales Ravelo

 

 

 

 

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

ISSN: 2524-9266