Un Helado

01/08/2017

Todos la mirábamos, era tal vez de las más sencillas mujeres del vagón, sencillas en el sentido visual pues
había mujeres más bonitas o mejor vestidas (¿tanto miro cuando viajo?), pero tenía algo que la diferenciaba
del resto. Gestos libres ante un helado de cucurucho que se derretía, y su mirada, eso la hacía diferente, sí,
pasaba su lengua por los costados mientras una mano sostenía una cucharita de plástico verde transparente, la
cual, en cada momento y dejando su lengua descansar, utilizaba cargando una pequeña porción del sabor de
chocolate, allí, justamente allí, cerraba sus ojos y disfrutaba.
Un helado.
Todos, éramos, varios, que deseábamos tener ese helado y seguir la mano que lo sostenía, era un acto, un
momento pero ella no sabía.
Ella bebía y se refrescaba.
Sentada con sus piernas abiertas para no mancharse, llegaba al cucurucho y sus gestos iban cambiando, se
acercaba al final.
En su último bocado se vio observada por gran parte de los hombres que la rodeábamos (los todos) y con un
gesto de resignación, limpio sus manos, guardo las servilletas, varias, en su cartera, se levantó con la
intención de bajar en la próxima estación y volver al invierno.
Al bajar, miró hacia dentro del vagón, largó una sonrisa de postre y se perdió entre la gente.
Dos estaciones más adelante iba yo con mi palito de limón al agua rumbo a la avenida más cercana, cagado
de frío y preguntándome una vez más, que estoy haciendo, bebiendo un helado sabiendo que no me gustan!

 

Autor: Roldolfo Zappino

 

 

Imagen de Evelyne Axell

 

 

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

ISSN: 2524-9266