La Kali elegante

 “Morir con el pensamiento cada mañana y ya no temeréis morir”  Hagakure -  Japón siglo XVIII.

Levantarse cada vez cuesta más. Todo pesa, los huesos y la memoria. El camino hacia la cocina es pasar por las diferentes pisadas, de la tibieza de la madera al frío de la loza.  Abrir la ventanita para que entre un poco de aire todavía más fresco que la casa. El  agua, el café y la espera.

¿Cuánto falta?  Medir  la cotidianidad, el segundo de vida, antes que el calor se acerque a los labios.

No se cómo seguir esto, la larga sucesión de silencios en mi cabeza se hace agobiante.  Ya no tengo ni la excusa de que ella se haya ido, que huyera de mis espacios, de mi casa, de mi cuarto, de mi cama.

Tengo que buscar culpable. Por eso no miro al espejo.

Vuelvo al cuarto. En lo que ahora es el cuarto. Antes era el escritorio, el estudio, la biblioteca. Después que me enteré de todo, me recluí ahí.

En el camino las fotos en las paredes pareciera que me llaman.

Tengo que sacarlas.

Vuelve el calor a los labios. Veo la vieja máquina de escribir, la “Orletti “que tengo hace  veinte años. Dejada por alguien para pasar  a máquina los documentos, volantes, pensamientos que se hacían en aquel viejo sótano en Constitución.

No sé quién la llevo. Tampoco sé por qué, cuando la otra vez todos se fueron de a poco del sótano, y comenzó la repartida de cosas colectivas que nos dolían a todos, yo me la llevé a casa.

 A nuestra casa.

 

 

OSAMENTA 1:

Para ella  la calavera que palpan mis manos, pasará por los sonidos que entregaré a Caronte,  porque nadie verá mis lados.  Porque soy imperceptible aún a metros.

Nada se ve de mí porque cuido mi disimulo con el silencio y la quietud.

Solo mis ojos ven y se dejan ver detrás de la furia oscura de la presencia.

 

El día transcurre, transcurre el segundo, el instante ¿son lo mismo? ¿El segundo está en el instante o el instante pasa en un segundo?

Quiero fumar. Se terminaron los cigarros, el tabaco, el tabaco de la pipa, queda alguna tuca de porro. La dejó ella. Me parece que si la prendo el gusto de sus labios volverá. Y ni que hablar de la sed. Esa sed alcohólica que creo tengo desde que tengo sed.

¿Volver a la cocina? En un rincón de la biblioteca hay un poco de ese vino que compré hace como dos meses.

No recuerdo si lo compartimos. Por eso me animaré a tomar.

 

OSAMENTA 2:

Esa blanca y desvelada es en el fondo o en el sin fondo; andá saber, más que solo una mirada. Y ese misterio hace que la sangre se histerice en escarcha.

 

Veo a una hormiga. ¿Cómo llegó? Estoy acostumbrado a las cucarachas. Y a esos seres hermosos, las arañas.

Veo que lleva a cuestas una miga de pan. Seguro marcará el camino para que su comunidad pueda volver por los rastros de sus patitas y se llevarán esos restos de comida. ¿Se llevarán los olores?

Ese intento de colectivizar mis restos alimenticios no va ser posible. La negra (le he puesto nombres a mis inquilinos arácnidos) se le tiró arriba la hizo un bolo y se la llevó a su telaraña.

No sé por qué pero me sentí identificado esta vez con la hormiga.

 

Debajo de  una foto encuentro este escrito:

Mirando de lejos

¿Qué se hace con las ganas de morder a la noche?  Antes de que cambie el clima y el orgullo  no dejaremos  pasar las ganas de la humedad. Y te quedes ahí y me quede aquí anhelando aquel tramo de cintura y tratando que todo no quedara en el simulacro sin sacarnos las ganas.

¿Cuándo fue esto? ¿Quién lo escribió?  ¿Ella o yo? ¿En qué época?

¿Sería cuando las ganas de sentir el sabor de nuestras pieles se desbordaba en las miradas? ¿Sería cuando nos escondíamos? No sabíamos bien de quién, si de los suyos, o de los míos. O de la ciudad. De su moralidad

Y ella era así, simetría en mis manos.

Y a mí me gustaba. Su magia. Su milagro. Su rectángulo. Todo eso provocando mis ojeras, mi ansiedad, mi punto y aparte.

Y a la mañana nuestros ojos, los dos en paralelas mirando con hambre el simple reflejo del espejo. Y mantener hacia el afuera la costumbre ecuménica.

 

RELIFOBIA:

Nos obligan a salir al campo para buscar al famoso trébol. Pero a mí no me gusta salir a este espacio abierto con todo ese verde. Me asusta. Siento la mirada  omnipresente sobre mis movimientos lentos. Busco el trébol, la mirada es más profunda para castigar el error. Entonces cuando lo vi, con sus cuatro hojas, me cayó el rayo.

Y bueno. La sed sigue ahí. El vino estaba un poco picado. O será que no comí nada.

Mi úlcera agradecida. Tengo temblores. Pienso que faltará poco pero sé que me engaño.

 

CUARTO DESENGAÑO:

Esperar impaciente que la luna se desnude desde aquel instante que  olvidar no pude. Aunque la imagen se esfuma  queda en la retina aquel derroche de luna. Por experiencia se aprende que los cantos de sirena nos dejan en el camino  muchos senderos de pena. Por eso la impaciencia que espera el desgaste de no olvidar el recuerdo de tu rastro.

Tengo que decidirme,  no puedo esperar. Nunca pude. Me acusaban de “inestable con el tiempo” en las reuniones de Constitución.

Eso me vino a la mente cuando veo los frascos de medicamentos que dejó.

También pensé en el agua caliente, en ese mezclar de líquidos tibios en la bañera. Pero cuando veo la bañera veo su sombra, el recuerdo de la silueta abarcándose a sí misma y el llanto de saber que no me podía salvar.

Porque me quería salvar. Su formación le hacía tener fe. Esperanzas.

Antes eso me causaba gracia e ironía.  Después solo me causó tristeza.

También está en el cajón la herramienta familiar, ferrosa y segura con sus cápsulas de treinta y ocho. Seis agujeros negros con luces al final del recorrido.

Lo único que sé es que no es heroica. Es solo eso, es. Nadie entenderá y será una cosa que pasa, intrascendente para el mundo. Algún comentario en alguna fiesta o en algún encuentro literario.

 

PARA VOS, SIN PERDON!

El ojo fijo reconociendo piel y quemaduras secretas.

Las uñas muertas de tanto rasgar. Y gritar en cárceles de terciopelo.

Más allá, se escuchaba, detrás de la madera quemada, el golpe del corazón.

Y vos, sintiendo en tu frente, las marcas de la traición y la culpa.

 Cuando llega la tarde las imágenes son más difusas.  Y el sentido es un péndulo.  La desolación se me hace más desbastadora que las imágenes que pasaban en la tv. El frío corporal se me materializa a pesar que los rayos solares iluminan bastante todavía. Tenía que descubrirme como otras veces.

Pero este cansancio es mucho. Sueños gastados, eso es otra cosa que se me llevó y me dejó recuerdos de despojos de mi carne y la asombrosa paciencia que tengo para llevar a cabo esta voluntad. Pero es así, no me gustan los olores que voy a dejar. Y tampoco me llevé bien con los golpes a la pared y los gritos que sólo yo escucharé. ¿Será parte del temblor?  No hay contención pero siempre recuerdo lo que dijo. Que ella no era solo materia y lugares comunes.

 

EL GOLPE.

El que viene sin errores, con etapas distintas, con debacles. Pero que tienen que ver con esos ojos que se cierran. Y no hacen nada para parar el golpe.

Así de a poco se acerca la noche. Otra noche más.

Saldré a la azotea. Miraré la luna. Me miraré en el deseo del vecino del edificio de enfrente. Y buscaré en el abismo, en la distancia de los seis pisos la mirada del abismo. Ese negro; mejor pensado,  esa negra silueta que sube noche a noche a llevarse lo que me va quedando de voz.

Pero soy muy cobarde en el fondo. Y en la azotea más. Nunca daré el salto.

Y con fastidio bajaré las escaleras y saldré a la calle.  Iré a buscar más alcohol para pasar la noche. Y no encuentro a quien echarle la culpa.

 Y la vida será así,  sucesión de largos silencios si no le ponemos sangre a la alegría.

 

Se escapa la imagen  y  la fuerza. La gota que cae se filtra por el suelo sin encontrar la raíz que le devuelva el sentido.

 

EPI-LOGO`S:

Lo creíble que convence.

Bastaba ver a ese sujeto para obtener una visión panorámica y bien articulada de las visiones del que se para arriba nuestro. El control  la distancia sin precisar las formas y sin que se noten los cables del titiritero. Y el caso individual es el índice acusador de lo que pasa en la colmena pero que no apunta al cielo.

Ahí comienza a funcionar  las telarañas y las cargas de profundidad, que golpean a los sueños y los dispersan. Y primero el temor, después el remordimiento, las armas cargadas sobre nuestras propias sienes. Y volvemos a la noche, y volvemos a la oscuridad, porque es el único sentido para esperar la mañana…

Y aun ahí lo que está muy adentro casi tan adentro como nuestra etapa más larvaria

Sale con dientes filosos a atacarlos porque nadie es inocente de lo que vendrá.

Porque hoy es hoy si el orgullo permite la ilusión, la entrada al puente de lo desconocido;

Es el abismo más puro y más deseado, para llegar a lo que nos merecemos.

Desde el abismo se abre el infinito, no se demora el encuentro en el alma libertaria,

Y ya sin el peso de la cuerda, del hilo sutil, vemos la sabiduría de lo que hay que escuchar

Para retomar la voluntad colectiva.

Desde ahí, desde aquí, desde vos, de tu voz, desde cada elección, la más sencilla y peligrosa a la vez

Sabremos cómo podemos caminar con nuestros propios pasos.

 

Buenos Aires. 2016.  

 

Autor: M.S. ERGOSUMQISUM

 

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

ISSN: 2524-9266

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