Repliegue y recuerdo

01/05/2017

 Suave la tierra marchita bajo cascos y corazas que ya caen.

La niebla se apodera del tiempo, y sus ojos derraman recuerdos que intentan ser alcanzados por algún pasajero curioso.

Me atrevo a correr sin ver rostros. Sólo siluetas que se asombran con mi paso.

Algunas balbucean un grito de denuncia, otras simplemente callan y se esfuman tras mis pisadas.

Un viento frío se inmiscuye entre mis ropas, gracias a la tela agujereada que fue batalla y furia, llanto y repliegue.

Creo haber dejado atrás un imperio de voces que asustan, de una balacera que se hizo fugaz en el tiempo, y de cuerpos abatidos que se sacudían entre un grito triunfal y una catarata sangrienta que desfallecía, fantasmal.

Me arrincono en una esquina descolorida, entre cajas viejas y algún fuego casi apagado, que habrá dejado alguno de esos sobrevivientes sin memoria. Intento darme calor con lo poco que queda de él, y con mi aliento, que escasea entre brincos de oscuridad.

Repaso sobre lo que queda de mi sombra, y veo entre la parva humana, alguna bandera de esas que levantamos con esfuerzo, y de la que ahora no se ven más que retazos, y el palo de madera, cual mástil anclado, que la sostuvo entre el bullicio.

Compañeros de la resistencia. Como extraños en la ciudad que nos da la espalda, intentamos dar sentido, como sacando de entre los escombros, algunas ideas que fueron cimiento, una inversión a lo que ya era conocido por tantos, o quizás, una versión distorsionada de un canon impuesto.

Él y ella, también fueron mi vida, y mientras soplo lo que queda de una herida que de a poco cicatriza, veo entre mis párpados tatuados por destellos y rugidos al viento, un brazo que se desprende, descarnado, agrietado por un filo siniestro que lo encontró desprevenido, ausente por un instante que fue fatal.

De lo que quedaba de su brazo, surgía una ebullición constante, un chillido patente en mis cicatrices, una cólera rabiosa que pretende ser vengada en algún tiempo de esos que son sueño, y se vuelven bruma, casi reales cuando se esbozan con la mirada.

Un jolgorio de estrellas ambiciosas se manifestaban en la boca de ella, abierta, temblorosa, llena de miedo, pero a la vez de un coraje que jamás pude apreciar en ninguna otra que se haya cruzado con mi piel.

Sus ojos se abrían y cerraban cada vez más lentamente, con pausas, y temor, pero su brazo levantado nunca caía, nunca; ni con aquel plomo que atravesó el panfleto que sostenía, imperturbable, como si fuera su propia vida; izado con ideas, y no con fuerza inagotable.

Papeles en el aire juguetean bajo nubes grises que anuncian la tormenta que ya llega. El tronar del cielo despertará el cosechar de un mañana cercano, de un beso en una mano, de un canto de alegría que pretende no ser solapado por aquellas botas locas, que a carcajadas van enmudeciendo a tantos que se enfrentan a su firmeza endeble.

No hay pan ya que pueda saciar mi hambre, ni sed que se olvide con sorbos de agua. Ella y él, desterrados de un imperio inventado, ruegan por que otros hagan permeables aquellas murallas que crecen con esmero, como si ninguna voz pudiese ser eco entre sus paredes, que algún día, quizás se agrieten, y caigan cenizas que den vida a nueva siembra, y clamen por sus sombras colgadas en las lanzas del dolor reverberante.

Una niña, con un muñeco en brazos, me contempla, despavorida, y yo la entretengo con un soplido que aviva las pequeñas llamas, la despierta de su quietud, y dibujan un brillo de orgullo en mis ojos, y en los de aquella niña, que me sonríe y se aleja, luego de que un relámpago estalle en medio del Río de La Plata, que se ilumina fugazmente por sobre las tinieblas de mi Buenos Aires.

Hediondo es el polvo que de a poco crece, como intentando llegar al cielo, para mezclarse con el agua, antes de que caiga sobre la ciudad que derrama sangre. Fétidos cuerpos yacen sobre baldosas que se derriten, y dejan pequeños huecos para que la savia transite por ellos algún día.

Llevo las manos a mi nariz, aunque al rato, las saco, como empujándolas, para que se llenen de esa rabia que ahora es olor y pasión revolucionaria. Para que me llene y quizás no me olvide, en esta esquina que se pegotea con mi cuerpo seco y respetuoso de su encanto.

El cemento es escoria que se introduce en mi carne, y respondo al bramido fiel y lejano de aquellos que son melodía y canción en mi pecho que hierve a cada latido, implorando por su calor, por su abrazo y su aliento, que me dan entereza, que me queman.

Y no ruego para no dar lástima, pero seguro estoy de que nuestros cuerpos serán tejidos por otros, y darán lucha por la palabra intensa, fervorosa, que arde en cualquier juglar que recita con memoria.

Un último suspiro antes de dejarte un boceto de mi rostro, por si algún día quieres representar una voz más que intentó dar batalla, entre adoquines y ladridos que pretenden sentenciarnos al destierro.

Se ilumina la ciudad con otro rayo que se contorsiona entre edificios y el oleaje del río que nos alimenta e identifica con otras voces ya arrojadas. El frío helado resquebraja mi piel, y mis párpados se cierran calmos. Un torrente de agua se precipita sobre la urbe. Algún que otro aullido de cañón se imprime en mi memoria, como dejando que el tiempo se encargue, y que finja una vez más, antes de un adiós que, deseo, se esconda antes de mi sombra.    

               

 

Autor: Ariel Adler 

 

Soy Diseñador de Imagen y sonido (UBA), y ayudante de la materia Sociología, en la cual doy clases.

Formé parte en la realización de diversos cortometrajes de tipo documental, ficción y experimental.

Fui realizador junto con otros compañeros, de una instalación audiovisual presentada en la Primer Bienal de Diseño FADU 2013 llevada a cabo en la Casa Nacional del Bicentenario. También se expuso en otros espacios culturales, y en la propia Universidad de Buenos Aires.

Realicé trabajos en eventos, de institucionales y videoclips, en general como director.

Actualmente me encuentro en dos proyectos audiovisuales: un documental sobre Marianela Nuñez, primer bailarina del Royal Ballet de Londres, y otro de tipo social con compañeros de la Villa 21-24.

A la par me encuentro en un proceso de escritura que incluye cuentos, poesías y proyectos de obras teatrales.

 

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

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