Aconteceres

01/11/2016

 Han retornado con el llanto perfumes y gemidos

que anuncian carencias y tu nombre

   -sólo el tuyo-

del otro lado del delirio,

en las fuentes del deseo,

y puedo ver desplegada mi existencia

frente a un bastidor

en el cual rebota el eco de propios reproches.

 

Quedan restos del mundo

que la caligrafía de un día coronado por la clarividencia

permitió recrear con letras del mañana

   -apetecido por la memoria, cuyo trabajo urdió los brotes del milagro-.

 

Sé que vendrás

empeñada en hacerme volar en tanto la luz encierra latidos

para liberar urgencias

                      y recobrar estos cuerpos gastados de fatigas pospuestas.

 

Porque en el momento en que a unos pasos crepitaban brasas

                                                el calor dejaba de ser un sueño

y desnudos,

la distancia al cielo se acortaba.

 

Porque nos fascinaba acariciar con la yema de los dedos

los reflejos

que la armonía del ansia había grabado en cada uno

con la reciente ausencia,

de noche,

cuando abríamos el alma al reencuentro.

 

Los gatos, ¿te acordás?

Al punto en que la imprudencia confunde jadeos

los gatos aguardaban 

   -dueños del espacio contiguo a cada uno,

    en cada medianera que marcaba impedimentos-

y su aura ayudaba

a suavizar el chillido de la desilusión.

 

Aquello formaba parte de un aprendizaje: de entender,

desde lo absurdo,

ese vacío

                 evitando giros de palabras

                          a

                              desparramar

                    igual

                             que

          hojas                                                         

                       cayendo

                    frente 

                                 al

                                         balcón

donde tus gestos

nos sostenían con refranes a pronunciar

   -después de rumores infiltrados

   entre despedidas y reconciliaciones-

como escalando

                           los peldaños

                                    de una pendiente

                                             erguida de revés

                                                            a las nubes.

 

¿Dudas?

 

Las mismas que llegan al mirar detrás de las cenizas

acumuladas en la gloria

y acercan, con un golpe de brisa,

la imagen de un palacio harto de candiles

vibrando

cuando un ángel desciende por una cuerda tendida en medio de lamentos

y menciona que una esfera de aguamarina

refleja la imagen que -de mí- guarda una maga

   -música de violines sonando

                                                ávidos de perdón-.

 

¿Certezas?

 

La de una perseverancia

   -en parte semejante a la espuma del mar

    la cual salpica rocas en la costa

    y a cada intervalo, mitigando excesos, revive ramilletes de algas-

                                     casi callada.

 

 

Este texto pertenece al libro Exaltaciones, Ed. Linda y fatal, Bs.As. (2016).

 

Autor: Gerardo Barbieri

 

Gerardo Barbieri nació el 12 de marzo de 1958 en Lomas de Zamora.

Estudió Periodismo y Letras en la Facultad de Ciencias Sociales de la U.N.L.Z.

Asistió, entre otros,  a los talleres de escritura creativa dictados por la Prof. Nora Fragasso en el Inst. Sup. del Prof. Dr. Joaquín V. González, y a los desarrollados bajo la dirección de Rolando Pérez en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A

 

Facebook: Gerardo Barbieri 

 

 

Foto de Léia Senem

 

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

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