Potestad.

"Si hay algo que jamás me funcionó fue mentirme a mí mismo, y en este momento, realmente, ya no me seduce tanto tu ausencia.

Nuestros eventuales encuentros y la intensidad de la que solés renegar hicieron que me enamorara de vos.

Ojalá hubiese podido dejar esos sentimientos de lado, en el mismo lugar donde queda la ropa que nos sacamos antes de estar juntos, y volver a ellos una vez que terminamos, pero no.

Me arriesgo a parecer un nene cuando en realidad asumo la edad que tengo y las ganas de vivir sin limitaciones lo que tengo ganas de vivir en el momento en que todo eso se manifiesta.

Puedo detectar el preciso instante en que no hubo vuelta atrás y no fue hace mucho: Había llegado a mi casa después de verte y de coger con vos. Entré y mi esposa me estaba esperando. Mis hijos dormían, era tarde. Ella me vió con una luz particular y en todo su derecho me pidió que le hiciera el amor. No habían pasado ni treinta minutos de tenerte entre mis brazos, había conseguido que acabes sólo con el roce de mi pija en tu entrepierna. No tuve dificultad en hacer que alcances el climax inmediatamente. Mi boca todavía tenía tu sabor, mi piel y mi ropa tu perfume. Cada centímetro de mi cuerpo hablaba de vos, todo pronunciaba tu nombre y no pude. Simplemente no pude. Había cruzado la línea. 

 

Puedo decirte que cuando te miré a los ojos por primera vez supe que era el comienzo de algo intenso. Que no pude evitar que se me desarmara todo el cuerpo porque jamás había visto unos ojos como los tuyos, y no por su forma o color, sino por todo lo que me decías con ellos. 

Que cuando me dispuse a estar con vos, incluso en el momento en que menos debía hacerlo, sabía que te estaba dando la potestad de mis fantasías más oscuras y no me importó.

Que todos los días me despierto pensando en cuánto faltará para volver a verte, para volver a sentirte. 

Que cada vez que te cruzo ya no manejo la expresión de mi cara, mucho menos mis palabras.

Que me deleito pensando en la cantidad de cosas que podríamos hacer juntos. Que reafirmo constantemente las ganas que tengo de experimentar con vos y que lleguemos juntos a sentir una pasión de la que difícilmente podamos volver.

Que siempre fui consciente del riesgo y del precio que podía pagar, pero que no hubo nada más estimulante que atreverme con vos.

 

La histeria se queda con las ganas del amor, y este es un texto que habla del amor y yo no quiero quedarme con las ganas.

 

Ahora lo sabés, sos consciente y vas a tener que actuar al respecto. Lo peor de todo es que sé que puede funcionar, pero tranquila que todavía podemos irnos, de la misma manera que nos encontramos, así, entre tantos."

 

 

Autora: Georgina Giacovelli

 

 

Imagen de Grete Stern

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Revista Extrañas Noches –literatura visceral- 

ISSN: 2524-9266

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