• Miguel Ruiz

Éramos tan felices y Lágrima


Éramos tan felices


Éramos tan felices y vivos, como gorrioncillos. Tal era la fama de nuestro amor que resollaban los perros al vernos, ya fuese de envidia o de sorpresa. Que si nos juntábamos, nos abrazábamos para olernos mutuamente. A diario me dirigía a tu faz para decirle “Muéstrame más allá de tus ojos, si brillan o si mitigan. Si bailan o si mueren”.


Tomaba ambos de mis pies y los imperaba a caminar. Cansado y somnoliento, encallecido de pies a cabeza, pero cavilaba cabizbajo al mirar su epitafio. Ahora sólo volteo y la veo tan callada, tan durmiente.


Es inexorable olvidarte, sencillo es doblegar y morir. Amargo es vivir sin ti. El cielo sigue nuboso, bello e inalcanzable ¿Por qué no puedo ser como esta nube? que se dispersa y sigue siendo nube. Pero ¡¿Y qué si me transformo?! Sería más feliz ser la nada. Temblarían las horas, morirían los sabios. No me dejes vivir enrevesado en lodo y mugre.


Sería mejor caer en sollozos; límpidos y puros ¡Vamos! ¡Que nos corten la cabeza en mí patíbulo! ¡Que sangren mis yemas! Todo para qué; para saciar un ahínco bochornoso, lleno de opulenta soledad ¡Deja! Por favor, imploro y me postro para dejar ¡dejar de volar! Porque aún llueven plumas de pájaros ruiseñores.


El corazón del Fauno es seco, café y verdea por las noches. Mi árbol, lleno de raíces y grietas, me sostiene a la vida, grávido a la Tierra. Deja ya los malos pensamientos, los buenos modales. No te dejes de perder en mi mente, llena de dudas y sombras ¡Para ya! Soy endeble, soy inútil, soy pájaro lleno de plomo, alas de cartón y pico de rayón.


Besaré mi alma para curarla. Hasta luego vida mía, que arrojaste clavos al cielo para evadirlos y caer.

Me alimento para que mis delirios crezcan. Mi sombra, tan bella y llana, sigue sola. Diez años soportando su ingrávida existencia. No suele pasar que vuele con ovillos, ni que resuene el golpe de mis uñas con las montañas. Si mis diamantes, todos se volviesen tiempo, serían más que valiosos, serían motivo de rapiña divina.


Son los pájaros, los vientos, los carros. Me abrazan, me inquieren, son todo menos yo. Son el sueño ¡Vamos aves! ¡Respondan! Dejen de maquinar, déjense ver y tocar. Hace mucho que no veo y no siento.

Y sigo soñando, viajo, duermo, veo un gran horizonte, lleno de crestas y de agua pura; el azul del cielo irisaba con plena perfección. No tengo mis ojos para recordar este momento, ni mi corazón. Disparo al viento y este gimotea; me hostiga hasta ceder e irme lejos de aquí, lejos, donde no haya viento que respirar.


¿Por qué me relatan efusiones? sé que lejos de ella está la belleza. Soy yo quien escoge el perfume de su rosa. Sigo estando más cerca del Infierno que del Cielo; ambos maquinan para hundirme en la muerte.

¡Que imaginación! Vaciar mi alma en el silencio, cuando más necesitaba la ceguera vino a mí el horizonte silencioso. Se detuvo el tiempo; la entera civilización cedió su risa a la muerte. Los carros se hicieron insectos y se hundieron en el abismo. El silencio no entra armonía con mi ser que se ha visto envuelto en sórdidas orquestas.


Los escalofríos siguen, no ceden y siguen marcando huellas. Siento desfogar al tiempo en mi alma. Tras de mí sale un cuervo ¡Intentó matarme! ¡¿Qué pasa?! Es, es ¡la naturaleza! Me ha revelado el secreto de su silencio. Estoy expuesto a la eternidad, al traspaso de planos y de vidas. Pero claro, igual éramos tan felices, juntos, en féretros distintos.




Lágrima


Y entonces,

la lágrima cae.

Cada día cae

más y más fuerte,

como si quisiese ser

tormenta de fuego.


Pero con el tiempo

sobre el pecho se acaudala,

lo desgasta y lo desgarra.

Como la gota a la piedra.

Y sin más paredes cutáneas,

mi corazón sale a flote

brotando sin saber a dónde ir.


De la coraza sale y

por todas las calles

ladra como perro enjuto,

Sueña como piedra infértil.

Y se llena de tierra mojada

y se lanza por impuro

al suave vacío de la soledad.

Se desnuda con tal de sentir al viento,

y muere por querer dormir un ratito más.


Pero ya vuelve tu rostro a mirar mis ojos,

y a darles deseo

por vivir de nuevo.

Pero es ya muy tarde.

El corazón ya ha partido

por el río de lunas rojas.

 

Los poemas forman parte de un poemario llamado “Mi amigo el cuervo”, empero, inédito.

Autor: Miguel Ruiz


Mi nombre es Miguel Ángel Ruiz Díaz, originario de Poza Rica de Hidalgo, Veracruz. Nacido el 22 de enero del 2002. Por la infancia viví en otra provincia, en la cual pasé la mayor parte de mi infancia, donde conocí muchos amigos y pasé horas de diversión. Mi formación artística ha empezado desde primaria, donde empecé a tomar clases de guitarra. A mediados de bachillerato incursioné en la cinematografía, dirigiendo mi primer cortometraje. Actualmente soy estudiante de la licenciatura de Filosofía en la Universidad Nacional de México, es en esta etapa donde inicié mi viaje por la literatura.


Instagram: miguel_ruiz_230

Facebook: Miguel Ruiz

Imagen de Leonardo Lamberta Pueden ver su obra en @sol_planetario_amarillo y en @leolamberta