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Bella Durmiente


Foto de Diana Coca

«Las niñas ya no quieren ser princesas»

Joaquín Sabina

Despertó. Tenía un terrible dolor de cabeza. La boca pastosa por el alcohol, el tabaco rancio y un regusto ácido. Se levantó con dificultad y fue al baño tambaleante. Orinó mirándose las rodillas; en los muslos, un reguero de semen reseco. No, por favor, no me jodas, otra vez no. El papel higiénico arrastró arena que le arañó el culo y el sexo. Se sacudió con rabia y cayeron las diminutas conchas que estaban adheridas a sus ingles, pequeñas oportunistas de un naufragio. Le costó reconocerse en esa extraña que le devolvía la mirada desde el espejo. Pelo apelmazado, rímel corrido, barra de labios fija que sobrevivía a trozos. Parecía un payaso. Se habían reído de ella otra vez. Los flashes de esa noche se proyectaban en la superficie de cristal como fotogramas que intentaban pegarse. Música fuerte, alcohol, pastillas. Una presentación forzada. Fragmentos de conversación vacía. Una lengua que hurgaba en su boca. Un dedo que buscaba bajo su falda. El resto de la mano llevándola lejos del bullicio y las luces, que quedaban atrás. La playa cerca de la avenida. Olas que apenas mitigaban el ruido lejano de las discotecas. Arena en su espalda y estrellas tras la de él. A eso se redujo todo el romanticismo. Ni siquiera le quitó las bragas. Las apartó a un lado y se la metió con fuerza. Tanto daba que todavía no estuviera lubricada. Colocó las piernas abiertas en sus hombros y taladró, rítmico, a una muñeca de trapo. Susurros lejanos que se acercaban. Una polla se metió en su boca y la atragantó, al empujar. Despojada de su voz, sólo le quedó mamar, mamar y mamar. Un instante que tornó un siglo hasta que el semen brotó amargo en su garganta y caliente en su sexo, a la vez, como si hubieran llegado a un acuerdo tácito. Ni siquiera la ayudaron a levantarse.

Por qué se vendía tan barato. En qué momento perdió el norte. Cuándo se dejó convencer de que eso era ser una mujer. Que eso era reivindicar su sexualidad. La sociedad la había convertido en un polvo gratis que se pagaba las copas. «Las niñas ya no quieren ser princesas» No, claro, ahora quieren ser putas. ¿Cómo era el chiste?«Caperucita, Caperucita, a dónde vas tan solita. Al río a lavarme el coño. Joder cómo cambia el cuento». No, no ha cambiado. Nos los contaban mal. A Caperucita se la comió el lobo. A la Bella Durmiente la violaba el príncipe mientras dormía y ella paría hijos sin saber. Pero claro, cómo nos iban a advertir. Necesitaban amitas de casa. «Sé una niña linda y vendrá un príncipe a rescatarte y hacerte feliz». Pero ahora no necesitan amas de casa sino máquinas perfectamente engrasadas. Por eso el cuento se cuenta de otro modo. «Déjate follar, Bella Durmiente. No importa si no sientes nada, que sienta el príncipe». ¿Cuánto hacía que no le daban placer? ¿Cuánto que no se corría?

Se acabó. SE ACABÓ. Nunca más. NUNCA MÁS le gritó al espejo secándose las lágrimas. Ni princesa ni puta. Una mujer, joder. Una MUJER. No más tacones imposibles. No más wonderbra. No más alcohol para tragarse la pastilla azul, para tragarse las pollas, para tragarse la dignidad.

Una larga ducha que no le limpió la conciencia. Café y tostadas. La certidumbre alegre del alcohólico que ha decidido dejar de beber. Una tarde plácida hasta la llamada. Anímate. Es sábado. No me dejes tirada. Una rápida. Una rápida y nos vamos.

Despertó. Tenía un terrible dolor de cabeza. La boca pastosa por el alcohol y el tabaco rancio. Se levantó con dificultad y fue al baño tambaleante. Orinó mirándose las rodillas; en los muslos, un reguero de semen reseco. No, por favor, no me jodas, otra vez no. Le costó reconocerse en esa extraña que le devolvía la mirada desde el espejo. Pelo apelmazado, rímel corrido, barra de labios extendida. No parecía un payaso: lo era.

 

Este relato fue publicado con anterioridad en la web lamagiadelossentidos.com

Autora: Brenda B. Lennox

Escritora de literatura erótica. Relatos y poemas publicados en antologías y revistas literarias como Palabra Viva, Guatiní o GayArt. Redactora de la web de sexualidad lamagiadelossentidos.com

Foto de portada de Diana Coca

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